Catedrales de Rock and Roll

La lengua del boomerato se niega a callar. El fin de los consensos culturales y las certezas, principalmente derivados de una época y una generación que o bien ya no existe o se está muriendo con una notable resistencia, nos lleva hacia una posición cultural en donde las horas han perdido su reloj (en palabras de Grafton Tanner) y la nostalgia es, quizás, el bien más preciado y sobreexplotado. Es en medio de los estertores del fin del canon donde The Rolling Stones juegan su partida con su último disco.

Estas lenguas extranjeras se presentan como una continuación natural del «Hackney Diamonds» (2023), aunque menos inspirado, con Andrew Watt al mando de la producción.

Nos encontramos con sonidos oriundos e inconfundibles como se puede ver en el arranque enérgico del stones-blues «Rough and Twisted» o «Hit Me in the Head», esta última con producción de Don Was un viejo conocido cuyos trabajos nos ofrecen un sonido más clásico y analógico.

A diferencia de «Hackney Diamonds» no nos encontramos tanto con varios singles directos que nos arrancaban a bailar, aunque explosiones juguetonas y divertidas como «Jealous Lover» sirven para admirar el fantástico falsete de Jagger.

Es en algunos de los medios tiempos donde podemos encontrar esa producción contemporánea más marcada, «In the Stars», o también en «Never Wanna Lose You» y «Back in Your Life»; pero en ningún momento nos encontramos con unos Stones desnaturalizados, suenan a lo que esperamos y nos lo ofrecen.

No hay en esta coda particular una versión crepuscular (aunque en «Some of Us», con Richards a la voz, se nos muestre una pista de ello), como si quisiesen que el recuerdo que permaneciese fuese el de una banda de pub que hace lo que mejor sabe: blues y rock and roll, un canon que ellos escribieron y se niegan a borrar.

Dudo que, a estas alturas, alguien espere un «Exile on Main St.» (1972), para este escribiente su obra cumbre, pero se hacen pertinentes las preguntas: ¿Por qué? ¿Dinero? A estas alturas lo dudo («Show me how to spend it with you, honey»!). ¿Legado? Aquellos que han definido lo que es un sonido, un género, una forma de vivir, jamás podrían destruir esa catedral. Quizás es ese último aliento boomer, una forma de medirse con respecto a uno mismo y su pasado o, simplemente, mirar al abismo y decir: I still got it.

Los Stones no vuelven a casa, son casa; aunque de esta no queden más que los cimientos.