Chat Pile: Who Loves The Sun – Álbum de la semana A26/S39

El paso del tiempo suele ser un juez inclemente con las bandas de impacto inmediato. Tras el zarpazo abrasivo que supuso God’s Country (2022) y la posterior consolidación de Cool World (2024), la formación de Oklahoma regresa con Who Loves the Sun, un tercer trabajo que los sitúa en la encrucijada de la sobrerreacción. En esta nueva entrega, Chat Pile prescinden de emular simplemente la fórmula que los encumbró entre la parroquia del noise y el sludge, sino asimilar sus señas de identidad para proyectarlas hacia un terreno más matizado, claustrofóbico y desolador. 

El pilar sobre el que se sostiene el álbum sigue siendo una sección rítmica asalvajada. Un bajo (¡que bajo!) con una presencia atronadora se entrelaza con baterías casi primitivas, construyendo una muralla sonora que remite tanto al post-hardcore o metal alternativo noventero al estilo Jesus Lizard o Helmet como al tono abrasivo del punk industrial. Sin embargo, la gran novedad radica en el manejo del espacio y los matices. Lejos de limitar su propuesta a la agresión ininterrumpida, la banda se atreve a explorar pasajes de corte gótico, dinámicas alt-rock e influencias atmosféricas que traen al frente guitarras más limpias y melódicas. Cortes como «Same Rules» o «Intruder» demuestran una sutilidad en el desarrollo de los temas que no sacrifica para nada su habitual tensión.

En el apartado lírico y vocal, Raygun Busch firma una de sus habituales interpretaciones viscerales. A través de sus característicos alaridos y recitados, el vocalista desplaza el foco desde la violencia explícita hacia una radiografía del desgaste cotidiano, la alineación por las pantallas y la quemazón laboral en una sociedad en decadencia. Canciones como «PEN I S MALL» o «Creature» son crónicas sofocantes sobre la sumisión y la angustia en el mundo contemporáneo.

Aunque esta ligera apertura estilística puede generar cierta división, Who Loves the Sun consolida la identidad de la banda sin perder la esencia. Chat Pile firman uno de los álbumes del año; incómodo, denso y profundamente catártico que rechaza el consuelo para retratar, con absoluta lucidez, el retrato de un entorno roto. Y es que el impacto, si es a cámara lenta, es, si cabe, más doloroso.