El cuarto álbum de la artista de Melbourne representa una vuelta al sonido country-rock de sus dos primeros trabajos. Un disco tan radiante y luminoso que podría quemar, resultado quizás lógico al haber sido grabado en Joshua Tree y Los Ángeles, nuevo hogar de la compositora tras disolver el sello discográfico Milk!Records que dirigía en Australia. Tiempos de cambio, por tanto, sobre lo que Courtney bromea irónicamente ya desde el título del álbum, Creature of Habit.
Las letras de las canciones viajan en esta dirección y abrazan el cambio, pero también rastrean la indecisión, la procrastinación o el síndrome del impostor, amenazas todas comunes y colectivas. Courtney reflexiona sobre todo ello con su habitual mezcla de humor seco y profundidad: qué drama todo, pero admiremos lo extraordinario de la vida y la condición humana.
En lo estilístico, el disco alterna con fluidez las canciones más tensas y exuberantes como “Stay On Your Lane”, con los arpegios de cantautor eléctrico en “Mostly Patient”, el dream-pop 80s de “Sugar Plum” y “Same” (Cocteau Twins flotan en el ambiente) o la psicodelia ligera que baña los desarrollos instrumentales.
Dos canciones sobresalen en el conjunto, “Wonder” y “Mantis”. La primera, una canción de country pop atemporal con un toque slacker-rock, reluciente y perezosa como una mañana de sábado. La segunda, la pieza fundamental del trabajo y origen de la foto de portada y del título, remite inevitablemente a The War On Drugs. Una canción construida sobre un ritmo motorik con algo de swing, que sostiene un crescendo sutil en el que dejarse mecer durante horas. Ambas destacan por su sobresaliente producción, como el resto del álbum, a cargo de Courtney y sus socios habituales: John Congleton, Stella Mozgawa (Warpaint) y Marta Salogni.
Como la mantis de la canción, cuando el disco finaliza nos podemos quedar en posición de rezo, buscando el significado o al menos una señal de algo, mientras decidimos cómo emplear nuestro tiempo en algo valioso. Yo, simplemente, pulsaría play de nuevo.
