Everyone, and friends and family / Saying, “Hey! Get a job!” / “Why do you only do that only? / “Why are you so odd?”
“We don't really like what you do / We don't think anyone ever will / It's a problem that you have / And this problem's made you ill.”1
The Story Of An Artist
Es difícil narrar la historia de Daniel Johnston y obviar las dificultades que padeció para desarrollar su carrera debido a sus intermitentes ingresos hospitalarios y problemas de salud. Nacido en el seno de una familia numerosa de West Virginia con profundas raíces cristianas, Daniel era el menor de 5 hermanos. Desde muy joven destacó por su carácter creativo y su amor al arte, en especial por la música y la expresión gráfica, rodando películas caseras en Super-8 o simplemente dibujando. Pero estas habilidades le enfrentan con su familia. Mientras Dan se encierra en el sótano del hogar familiar en New Cumberland a dibujar o a aporrear el piano, sufre afrentas constantes, en especial de su madre, que día tras día lo acusa de vago y de tratar de corromper a sus compañeros con ideas y dibujos satánicos.

En este entorno hostil, Daniel crece con la etiqueta de outsider y weird que lo acompañará toda su vida. Nunca se cuestiona cómo se hace algo, simplemente se sienta y lo hace. Así, a partir de 1980 comienza a grabar sus primeros cassettes «autoeditados» (generoso término) que luego reparte entre amigos y tiendas locales. Él quiere ser famoso como los Beatles, pero las entrega una por una con la única intención de que el receptor escuche sus canciones y las aprecie. Tras dos deserciones de la universidad causadas, según su padre, por la depresión y la morriña del hogar familiar, Daniel se enrola en una feria itinerante, dando con sus huesos en Austin, Texas. Allí, encuentra un nuevo hogar después de recibir la paliza de un feriante y buscar consuelo en una iglesia local.
A esas alturas, 1984, Daniel ya ha grabado algunas de sus cassettes “clásicos”, como “Yip Jump Music” (1983) o “Hi, How Are You” (1983) (cassettes disponibles en streaming), y destacadas figuras de la escena local reciben las cintas con una incredulidad tal que si “Dylan o Robert Johnson te entregaran sus primeras canciones y te dijeran: – Toma, a ver si te gustan”. Son siempre grabaciones caseras, donde el ansia de crear puede más que la técnica y los medios. Portadas ilustradas por él mismo con su personal estilo y un interminable trabajo manual de copiado de cintas, cuando no de grabación íntegra del cassette de cero, canción a canción, cuando no dispone de una grabadora de apoyo. Su estudio de grabación habitual en esa época son un órgano de juguete de su sobrino y una grabadora montados sobre un banco de pesas.

En la siempre vibrante escena de Austin, el boca a oreja comienza a funcionar y todo el mundo se pregunta quién es el autor de los cassettes. Su música frágil, a veces naïve, su voz trémula y su personal sentido del ritmo le dan un nuevo sentido al término lo-fi. Por encima de todo, brilla la característica esencial de las canciones de Daniel: la descripción de las emociones más complejas (el desamor, la soledad ante un mundo en el que no encaja, los demonios reales o imaginarios) de una forma tan cristalina y primitiva que desarma al oyente. Con una autenticidad imposible de imitar, sus canciones no recurren a artificios, son tan puras que asustan. Los experimentos sonoros, como incorporar grabaciones recogidas de la televisión, otros discos, diálogos con amigos o familiares (incluso las reprimendas de su madre), nos permiten quizás acercarnos a la visión del mundo que tiene el artista más que con cualquier otro autor.
Una mala experiencia con el LSD en un concierto de Butthole Surfers y el abuso posterior de sustancias psicotrópicas deterioran rápidamente su salud. La grabación del disco «1990» en Nueva York, con miembros de Sonic Youth, resulta frustrada (mitad grabado en estudio, mitad en directo en el CBGB y en una tienda de discos: remueve sentir su miedo atávico al diablo en “Don’t Play Cards With Satan” o “Careless Soul”). Esto, sumado a múltiples episodios, alguno casi mortal, impiden que Daniel trascienda sus reducidos círculos de influencia, ganándose por derecho propio un hueco en el panteón de los autores malditos del underground norteamericano.

El interés por su figura crece cuando Kurt Cobain se deja ver con una camiseta con la portada de «Hi How Are You”, al punto de que se produce una guerra de pujas entre los sellos discográficos Elektra y Atlantic por fichar a Daniel. Sin embargo, como Elektra tiene a Metallica en su catálogo, despide por enésima (y última) vez a su mánager, amigo y fan incondicional y responsable durante años de copiar y distribuir sus cintas incansablemente, incluso tras su cese. La premisa es simple: Elektra es un sello satánico porque Metallica es un grupo satánico, por tanto, mi mánager es satánico también. Atlantic se hace con sus derechos y “Fun”, su segundo álbum «convencional» tras “Artistic Vice” (1991), se publica en septiembre de 1984. Vende 5800 copias y Atlantic rompe el contrato en 1996.
Unos cuantos discos fallidos más y sus constantes problemas mantuvieron a Daniel atado al underground y apartado de la comunidad artística. El aclamado documental “The Devil and Daniel Johnston” acerca su nombre a un público más generalista y le abre puertas a exponer su arte por USA y Europa, algo que parecía impensable sólo unos años antes. Gracias a los avances en la medicación, logra hacer giras internacionales y presentar sus canciones ante auditorios siempre rendidos y absortos ante sus canciones, espectadores conscientes de ver y escuchar algo único e irrepetible, igual que una estrella fugaz cruza el cielo nocturno sólo un instante.
El chaval que sólo quería ser famoso como los Beatles, dejó una huella indeleble en el underground americano. Un corpus de cintas de cassette y demos que oscilan entre lo sublime y lo inenarrable. DIY algo punkie, algo místico-religioso.
Unos años antes de fallecer, y ya aquejado de graves problemas de salud fruto de la diabetes, su obesidad y su tabaquismo crónico, hizo una gira de despedida con diferentes bandas de acompañamiento. La cita de Chicago, acompañado de Jeff Tweedy (Wilco), quedó documentada en el disco “Chicago 2017” (2020).
Antes, en 2004, lo más granado de la escena norteamericana se juntó para versionar sus canciones. En la cara B, las originales de Daniel; en la cara A, las versiones de Tom Waits, Teenage Fanclub, Beck, The Flaming Lips, Death Cab for Cutie, TV on The Radio… Y, a pesar del selecto plantel, ninguna versión puede mirar a los ojos y emocionar como las originales.
