Death Cab For Cutie: Una guitarra y un montón de quejas

Allá por 2004 aparecía en la parrilla televisiva de la sociedad española de la bonanza y la abundancia una serie en formato high school drama que seguía las peripecias de unos guapísimos escolares californianos y sus vicisitudes en el amor, el lujo y otros menesteres. La serie en cuestión era The O.C., y uno de sus protagonistas, además de llevar obviamente gran parte del peso narrativo, servía como contrapunto a la imagen proyectada de hedonismo soleado que irradiaban el resto de personajes. Adam Brody interpretaba a Seth Cohen, el arquetipo de geek de comentarios ingeniosos, pasión por los cómics y afición por la música alternativa que suspira por la chica popular del instituto que lo ningunea y trata fatal, pero que en algún momento de la historia sabrá ver en él lo que nadie ve.

El caso es que, para ilustrar a este personaje, se le rodeó de una cultura pop y unas aficiones que construyeron un lore en sí mismo. Sus hobbies pasaron de querer construir ese perfil más diferenciado del resto de personajes frívolos a ser los que definían al personaje claramente más querido de la serie; sus gustos dejaron de ser «raritos» para ser de lo más mainstream de un año para otro. Entre ellos: las cartas de Magic: The Gathering, una infinidad de referencias al mundo del cómic y, lo que aquí nos ocupa, una pasión explícita por bandas como The Killers, Modest Mouse, Rooney, Franz Ferdinand o The Walkmen. Decenas de referencias más que se convertirían, a su vez, en bandas sonoras comercializadas de la serie que sirven como playlists muy ilustrativas de la época. Entre ellas estaba su banda favorita, Death Cab for Cutie, que era definida por Summer (el interés romántico del protagonista) como «Una guitarra y un montón de quejas.»

@hbomax Real fans get it. #TheOC #SethCohen #AdamBrody #DeathCabforCutie #DeathCab #SummerRoberts #RachelBilson ♬ original sound – Max – HBO Max

En 2004, Death Cab for Cutie ya era una banda consolidada en el circuito alternativo. Venían de un 2003 triunfal tras publicar dos de los mayores éxitos discográficos del año y acumulaban ya cuatro discos de estudio. El conjunto de Bellingham (Washington) estaba en el pico de su popularidad y la formación más clásica, capitaneada por Ben Gibbard, era reivindicada tanto en la prensa especializada como en series de televisión mientras iba cogiendo cariz de banda generacional. Pero, como le pasó al bueno de Seth Cohen o a la sociedad de la bonanza y la abundancia, las cosas tienen su momento, envejecen y entran en crisis. Su personaje no sobreviviría a una evaluación revisionista de 2026; la sociedad entró en quiebra económica, haciendo que dejáramos de aspirar a vivir en Newport montando en velero, y Death Cab for Cutie no se convirtió en una banda de estadios. Sin embargo, su trayectoria es un camino que merece ser revisado (en formato serie teen) aprovechando el lanzamiento de su disco más reciente hasta la fecha, I Built You a Tower, para poner de relieve una época en la que parecía que nunca podían fallar.

Episodio piloto y primera temporada de culto

Something About Airplanes (1998)

La banda emerge como un proyecto prácticamente personal de Ben Gibbard tras militar en una banda de punk pop llamada Pinwheel. Tras lanzar la recopilación de demos You Can Play These Songs with Chords, recluta para su banda a Chris Walla a la guitarra (que será parte fundamental del proyecto) y se lanza de lleno a la escena colegial a través de su primer largo. El espíritu amateur y DIY sobrevuela todo el álbum y hay mucho encanto en unas composiciones aún en pañales, pero que ya tienen elementos marca de la casa: un indie pop escacharrado que no es esencial, pero nos sirve como Death Cab Begins.

3 Seth Cohens sobre 5.

We Have the Facts and We’re Voting Yes (2000)

El espíritu casero sigue presente, pero tras batirse el cobre en la escena universitaria, llaman la atención de parte de la industria. Walla gana protagonismo en los arreglos y se establece como productor (todo suena tan íntimo como si estuviera grabado en tu propia habitación) y la parte lírica de Gibbard empieza a construir un lenguaje propio que sería clave en su éxito. Se le ha asociado a menudo con la escena midwest emo, y la etiqueta no va desencaminada cuando suenan los primeros compases con la voz alejada de «Title Track». «Little Fury Bugs», las dos «Company Calls», «Scientist Studies»… Comienza su época imperial con un disco impecable que abraza la melancolía a través del indie rock propio de la época.

4,5 Seth Cohens sobre 5.

The Photo Album (2001)

Sin casi espera, al año siguiente sale un tercer disco que afloja en la parte emo y sube en la parte pop, con una colección de canciones que suele dividir a los fans. La producción da un salto y el protagonismo de Chris Walla suma enteros en arreglos de guitarra y teclado que enriquecen su universo de manera notoria; a cambio, nos deja sin el encanto minimalista de su anterior trabajo. «A Movie Script Ending», «We Laugh Indoors» o «Styrofoam Plates» son cimas emocionales del álbum, con espacio para un indie rock más desenfadado como en «I Was a Kaleidoscope» o «Blacking Out the Friction». Estas últimas dejan entrever una costumbre que aparecerá a menudo en su discografía: los «respiros» poperos entre tanto melodrama. Es una buena puerta de entrada al grupo y el trabajo más infravalorado de su discografía. Se puede complementar con los EP´s Forbidden Love y Stability se hace incluso mejor.

4,5 Seth Cohens sobre 5.

Clímax y Season Finale

Transatlanticism (2003)

En un lapso de ocho meses absolutamente mágicos, Ben Gibbard nos regaló el primer y único álbum de The Postal Service (Give Up) y, de paso, la obra magna de su banda principal. Un caso que debería ser investigado por dopaje musical, si es que eso existe. ¿Qué es el transatlanticismo? Amor en la distancia, barreras emocionales y aislamiento a través de la metáfora atlántica que vertebra un disco perfecto en todas sus dimensiones. La vertiente pop y la emo aquí encajan como un guante; los arreglos y la producción sutil de Walla  se enriquece incluyendo pianos, cajas de ritmos que construyen la sensación de que todo está en su sitio. Incluso en un disco en el que el tono melancólico podría pasarse de frenada y convertirlo en un meme, no ocurre. Aquí cada una de las canciones es un clímax introspectivo que nunca agota ni cae en la autocomplacencia o el ombliguismo. Todo tiene sentido desde que suenan las primeras guitarras de «The New Year». «Tiny Vessels», «A Lack of Color» o la propia canción homónima los pusieron en el lugar que acariciaban desde sus primeros trabajos. Un disco perfecto para escuchar mirando por la ventana.

5 Seth Cohens sobre 5.

Plans (2005)

«Nos vamos al mainstream», que dijo un sabio. En su cima creativa, la banda deja la independiente Barsuk y firma por Atlantic, completando un disco de ir sobrados, de cuando todo te sale y nada te da miedo. Ahondan en territorios que nos recuerdan a Transatlanticism en su vena más melancólica, pero dejando los sencillos que serán sus mayores éxitos («Soul Meets Body», «I Will Follow You into the Dark») y unos tramos que se alejan del emo más puro para abrazar un sonido más expansivo. Las guitarras sobrevuelan las cabezas y Gibbard adquiere una figura más épica, tanto en su manera de cantar como en sus letras (que en ocasiones son un poco de autoayuda, pero solo un poquito). No es un disco perfecto como el anterior, pero confirma que la banda estaba en un momento donde sencillamente era imposible que saliera de la excelencia, completando una racha de discos sobresalientes y coherentes en su narrativa.

4,5 Seth Cohens sobre 5.

Tercera temporada y huelga de guionistas

Narrow Stairs (2008)

Ben Gibbard se enamora y parece que quisiera que todo el mundo se enterase. La luz entra y los dramas aflojan para dar lugar a un disco ecléctico, donde cada canción es de su padre y de su madre, y perdemos el enfoque narrativo que hacía tan especiales a sus predecesores. La rareza aquí es «I Will Possess Your Heart», un sencillo de más de ocho minutos con un desarrollo art rock rozando el kraut que deja satisfecho, pero con una sensación de desconcierto. Esta se acentúa a medida que ves que las piezas que conforman el álbum van por caminos muy distintos: el indie pop reina en cositas como «Cath…» o «Your New Twin Size Bed»; hay experimentos más fallidos como «You Can Do Better than Me» y un final buenísimo con «Long Division», «Pity and Fear» y «The Ice Is Getting Thinner». Es sólido, pero sus predecesores lo miran por encima del hombro.

4 Seth Cohens sobre 5.

Codes and Keys (2011)

Normalmente es visto como el inicio del resbalón, pero no está tan lejos de Narrow Stairs como pueda parecer. El inicio es imponente a través de «Home Is a Fire» y la canción homónima. «Doors Unlocked and Open» funciona como acelerón y «Unobstructed Views» es un intento de irse a territorios experimentales que no desentona. Una vez más, el final del disco cierra con buen sabor de boca, pero el tramo central de pop más peatonal queda sobreproducido y sin la inocencia que antes oxigenaba a esas canciones, haciendo que ahora molesten. Se salva de la quema, pero por poco.

2,5 Seth Cohens sobre 5.

La marcha de la protagonista y la cancelación

Kintsugi (2015)

Chris Walla abandona el barco y, ahora sí, comenzamos la bajada en un álbum en el que Gibbard toma una serie de decisiones que lastraron tanto este como su siguiente disco, con unos arreglos más cerca de la indietronica que no les favorecen nada. El repertorio de canciones no es del todo malo y hay algunas melodías memorables, pero el tono vocal y una producción centrada en que apenas haya rango dinámico hacen que se escuche con agrado relativo, pero sin pasiones.

2,5 Seth Cohens sobre 5.

Thank You for Today (2018)

Un rollo macabeo. Se acentúan los errores del anterior trabajo y no se mantiene ninguna de las virtudes. La sensación de piloto automático es notable y es increíble cómo ha envejecido en tan poco tiempo. Haremos de abogado del diablo diciendo que la banda estaba en un momento muy complicado, y que se la jugó con un par de discos a no repetirse y ver qué salía con una nueva formación que estaba echando de menos a gritos a Walla. Monótono como forma de vida.

2 Seth Cohens sobre 5.

El reboot de HBO

Asphalt Meadows (2022)

Aún hay esperanza. En 2022, sin que nadie contase con ello, la banda saca un álbum que recupera todo el oxígeno perdido en sus tres anteriores trabajos y retoma el espíritu ecléctico que paseaba por Narrow Stairs, ofreciendo su mejor colección de canciones en más de una década. Aquí la indietronica sí encaja, tenemos melodías pop que vuelven a ser juguetonas, los experimentos auguran un futuro interesante y regresan las épicas dramáticas en «Foxglove Through the Clearcut»… Podría decirse que Death Cab for Cutie ha desandado el camino y, recogiendo migas de pan, ha salido del rumbo equivocado donde no se sentían a gusto en su propio traje nuevo. Aquí hay un trabajo de madurez sólido que puede sentarse no muy lejos de la mesa de sus discos de la época imperial.

3,5 Seth Cohens sobre 5.

I Built You a Tower (2026)

Tras un divorcio complicado en lo personal y profesional, Gibbard hace las maletas de Atlantic a ANTI- (primo hermano de Epitaph) y, pese a lo que pueda parecer, no nos entrega un disco de separación al uso. Esto es más bien una crónica de ese desamor desde un punto de vista de madurez y reposo que le ha dado la edad, con una parte lírica que está afinadísima y acierta con unos versos que se quedan grabados («Too tired to talk, too tired to end the war»). El inicio de «Full of Stars» resuena a vuelta a casa con un crescendo que se queda irresoluto, «Punching the Flowers» recupera la tensión eléctrica y «Pep Talk» es de sus mejores canciones en lustros. Un inicio que nos hace corroborar que la remontada iniciada en Asphalt Meadows se confirma y se materializa a través de otra colección ecléctica de todas las caras (y temporadas) de DCFC a buen nivel, donde melodías como las de «Stone Over Water» nos vuelven a emocionar como hacía tiempo que no ocurría y en la que solamente con los compases iniciales de «I Built You a Tower» nos transportamos a los tiempos de We Have the Facts… Lograr las cimas emocionales de su pasado no es la misión, hay que ir aceptándolo. Esta es una banda distinta que ha recuperado el pulso para poder seguir siendo relevante, lo cual, hasta hace no mucho, parecía imposible. Como dijo Seth Cohen:

«Hey. Do not insult Death Cab».

BONUS TRACK (Para los que llegaron al final de artículo):