{Disbanded} Archers of Loaf: Cómo ser grande sin salir en la foto

Disbanded es nuestra sección homenaje a bandas que ya no están en activo. Nuestro granito de arena para su recuerdo.

Mi llegada a Archers of Loaf se podría calificar de carambola, tras una afición marcada por el sonido de bandas como Sunny Day Real Estate. Esa búsqueda me llevó a Madee, la banda española que, para mí por aquel entonces, marcaba el paralelismo más evidente con los de Seattle. Eran mi referencia local, y el nexo definitivo llegó mientras leía una entrevista a Ramón Rodríguez (The New Raemon), el músico principal detrás de Madee. Al preguntarle por sus esenciales, Rodríguez mencionó de pasada a Archers of Loaf como una de sus bandas favoritas.

Un momento simple, un dato en un texto, incluso irrelevante. Irónicamente, la anécdota personal que me trajo hasta ellos es casi tan irrelevante como el impacto masivo que la propia banda tuvo en su época, lo cual no hace más que acentuar su presencia en esta sección. Este artículo es, en esencia, mi corrección a ese error. Un breve repaso a las ideas ruidosas y angulares de Eric Bachmann (voz y guitarra), Eric Johnson (guitarra), Matt Gentling (bajo) y Mark Price (batería), una banda a la que se llega por casualidad, y cuya importancia no puede ser subestimada.

Existen bandas que siempre ganan, ya sea por portadas, festivales o cifras mareantes; otras porque han definido un sonido tan claro que basta ver su discografía para reconocerlas como el árbol de muchas influencias posteriores; y luego están Archers of Loaf, que hicieron algo bastante menos espectacular: seguir su propio camino sin preocuparse demasiado por cómo quedaban en la foto. Con ellos nunca se trata de hablar de grandes éxitos ni de fracasos sonados. Es hablar de una banda que ocupó un espacio discreto, pero muy fértil, dentro del indie rock de los 90. Ni masivos ni meramente anecdóticos, un grupo al que llegas por acumulación: después de Pavement, después de Dinosaur Jr., después de Superchunk. O, simplemente, porque lo lees en una entrevista a Ramón Rodríguez. Sirva este ejemplo como pequeño homenaje a las conversaciones, entrevistas, cadena de influencias y demás serendipias que se saltan las bibliotecas algorítmicas.

Chapel Hill no era Seattle

A principios de los 90, Chapel Hill (Carolina del Norte) no era Seattle, ni Chicago, ni Nueva York. Era un pueblo de 60.000 habitantes sin una narrativa romántica de “aquí está pasando algo grande”, pero sí una maquinaria musical modesta y constante: universidades, radios estudiantiles, sellos independientes y salas pequeñas donde foguearse sin una gran promesa al final del túnel.

De ahí salieron bandas como los esenciales Superchunk, con su urgencia power pop, o Polvo, mucho más abstractos y con un toque math. Archers of Loaf conviven en ese momento con ambos mundos, pero sin encajar del todo en ninguno. Ni inmediatos ni conceptuales. Su apuesta era otra: una tensión en el punto exacto donde una canción parece estar a punto de romperse, pero no lo hace.

Eric Bachmann: guitarras feas, canciones brillantes

La identidad del grupo pasa por Eric Bachmann, vocalista, guitarrista y principal compositor. Un anti-frontman sin virtuosismo ni calado generacional, con un liderazgo más sutil centrado en las propias canciones y una forma de cantar casi a la defensiva, con unas letras cínicas, satíricas e intelectuales, siempre desde el punto de vista del inadaptado.

Pese a ello, Bachmann no parece interesado en construir un personaje. Canta como quien comenta algo en voz alta, en ocasiones irónico, a veces con frustración, casi siempre con cierta distancia emocional. Esto marca las pautas para el tono de la banda: sonar siempre más cerca de lo humano que de lo épico, incluso cuando se dejan llevar por una chorrera de distorsión.

Icky Mettle: perfección sin pulir

Icky Mettle (1993) es un debut soñado para el género. No está especialmente pulido, no es elegante y no impresiona por la producción. Y todo ello para bien. Comparte espíritu con Sebadoh, Dinosaur Jr. o momentos tempranos de Pavement, pero sin el cinismo explícito de estos últimos ni el protagonismo guitarrero de J Mascis.

El conjunto de canciones captura a la banda antes de que nada se volviera demasiado consciente de sí mismo. Riffs disonantes, cambios de ritmo abruptos y “Web in Front”, que sigue siendo su tema más reconocido, con algo difícil de fabricar: gancho, pero también incomodidad, al mejor estilo Replacements.

Es un debut con nervio, ironía y urgencia, como si tuviesen prisa por grabar y cargar la furgoneta para pirarse.

Vee Vee: más ideas, más carácter

En Vee Vee (1995), Archers of Loaf amplían su lenguaje, y con ello la variedad de estilos y duración de las canciones. A cambio, perdemos un poco de la energía punk e inmediatez de su debut. La producción gana en claridad y las canciones… ¡Qué canciones!

“Harnessed in Slums” se convirtió en una de sus canciones más populares y un improbable himno universitario que, como con “Web in Front», se mueve entre la fricción y el hitazo. Mientras bandas como Weezer o Nada Surf empezaban a definir un indie-rock y power-pop más accesible, Archers of Loaf parecían moverse justo en la dirección contraria. Siendo más conscientes de sus recursos, aparentaban estar cómodos retozando en sus nuevas capas.

Aquí Bachmann se consolida como compositor con menos arrebatos impulsivos, tanto en las letras como en las estructuras, pero sin perder esa sensación de fragilidad controlada que define a la banda. Otro disco redondo y quizá el más indicado para iniciarse con ellos.

All the Nations Airports: el incomprendido paso a un lado

All the Nations Airports (1996) funciona como una especie de secuela espiritual de Vee Vee, no en un sentido de réplica exacta, sino porque se permite ir por caminos ya explorados en su anterior disco. Aquí tenemos ya interludios, cambios estilísticos más marcados y una ambición más hacia el álbum que hacia la colección de canciones, entre las que destacan la canción titular, “Scenic Pastures” o la bellísima balada a piano “Chumming the Ocean”. Los nexos de unión se van con discos de transición de Sonic Youth o con algunos trabajos de Guided by Voices. Es menos inmediato, pero sigue funcionando a su manera, queriendo crecer y al mismo tiempo pasando de ellos mismos. Un disco que funciona muy bien para no-fans y un punto de inflexión para algunos que aquí se bajaron del barco.

White Trash Heroes: desgaste y experimentación

White Trash Heroes (1998) no es un mal disco, es un disco de fin de ciclo; lo que no sabíamos es que el ciclo era el fin definitivo (hasta ese momento). Es, de largo, su disco menos rock, más sombrío, donde toman presencia los teclados, bases programadas y atmósferas oscuras, y la experimentación con la que tontean en su anterior disco se vuelve ya la protagonista. Se aprecia una ligera sensación de banco de pruebas para la posterior carrera de Bachmann.

Puede parecer un disco prescindible dentro de su carrera, pero hay hallazgos más que interesantes (“Dead Red Eyes”, “White Trash Heroes”) que nunca sabremos a dónde los habrían llevado de no ser porque aquí echaron la persiana.

Fieles a su esencia, lo dejan sin épica, sin ruido. Simplemente, dejaron de estar.

Después: Bachmann mira hacia dentro

Tras la separación, Eric Bachmann inicia Crooked Fingers, un proyecto que, en apariencia, está en las antípodas de Archers of Loaf: folk oscuro, tempos lentos, introspección. Pero como apuntaba su anterior álbum, más que un rupturismo total, es una continuación desde otro lugar. Toda la urgencia y tensión de Icky Mettle se transforma en silencios y reflexión. En realidad, Bachmann sigue escribiendo desde la incomodidad, solo que esta vez, con menos volumen. Recomendado su Dignity and Shame de 2005.El regreso de Archers of Loaf con Reason in Decline (2022) no coge del todo por sorpresa porque venía precedida de la enésima reunión para giras puntuales que venían haciendo. Pese a todo lo que se ha dicho sobre él, no es un disco horrendo. No busca corregir el pasado ni competir con la nostalgia. Suena a lo que mejor que podrían ser Archers en 2022: una banda adulta que entiende perfectamente quién fue y quién es ahora.

Influencia y legado: hacer ruido sin hacer ruido

Archers of Loaf distan de ser una banda omnipresente o muy reverenciada, pero su influencia se percibe en muchas bandas que entendieron que se podía hacer indie rock “que rasque” sin apartar el pie del pedal melódico. Built to Spill, Modest Mouse en sus primeros años o incluso algunos momentos de Okkervil River; su huella está presente en bandas coetáneas y más modernas que, como ellos, no estuvieron en la primera línea, pero siempre están en la conversación.

Coda: por qué seguimos volviendo a ellos

Por su irrelevancia elegida, en esa libertad de existir al margen de la épica oficial, en cada acorde torcido, cada frase que no encaja del todo, cada silencio incómodo que les da carácter. Esa imperfección no los hace menores, sino más humanos, más reales, más grandes a su manera. Como esa pequeña e inesperada mención en la entrevista de Ramón Rodríguez, a veces, las más grandes bandas son las que nadie espera. Y Archers of Loaf, con toda su tensión, su honestidad y su pulso imperfecto, siguen ahí, esperándonos, quietos y gigantescos en su propia sombra.