La apreciación de una pieza suele ser un acto de empatía: para poder reflexionar y profundizar sobre ella es necesario ponerse en los zapatos de las personas que la han creado y contextualizar el fruto de su trabajo en un momento del espacio-tiempo determinado.
Es por ello que una misma creación puede ser interpretada de maneras diferentes, y es aquí donde las expectativas juegan un papel crucial. No es lo mismo que Billie Eilish consiga solamente un millón de reproducciones en su último single a que lo haga una banda recién formada.
Pero más allá de valores numéricos, las expectativas y la confianza tienen un rol fundamental en el acuerdo tácito que hay entre artistas y público: no nos mintáis.
Porque, ¿qué pasa si una industria entera se inunda de contenido artificial o sencillamente de mentiras?
El impacto de la inteligencia artificial en el mundo editorial
Y es que, según un estudio de Cornell y la Universidad de Minnesota llevado a cabo entre 2025 y 2026, el 60% de los ebooks recién publicados contenían contenido generado por IA detectable. Los libros de viajes se multiplicaron por 9, los de deportes casi por 7 y los de autoayuda por 5.
Ojo, este último dato de incremento del volumen de libros publicados podría venir derivado de una mejora en la eficiencia de la edición (yo mismo edito mis textos utilizando IA para corregir errores gramaticales o señalar expresiones repetitivas), pero la primera cifra, donde se destaca que más de la mitad de los ebooks contienen trazas de IA, es demoledora.
No se trata de que la creación con IA sea mala per se; esta puede ser realmente de ayuda en ciertos contextos. Sin embargo, justamente en ámbitos como el arte es donde puede tener consecuencias nefastas, pudiendo llegar a atrofiar y estancar culturalmente a una sociedad, impidiendo avanzar en su pensamiento como hemos hecho a lo largo de la historia.
¿Es la mentira algo nuevo?
Nada más lejos de la realidad; el engaño no es nuevo en este ámbito y es intrínseco al ser humano, ya que para mentir hay que tener una intención.
Milli Vanilli engañaron a millones de personas durante un tiempo (quizá nos han colado a algún Milli Vanilli que nunca llegaremos a conocer, ¡ay, los falsos negativos!), pero también Tony Clifton (el alter ego de Andy Kaufman) actuaba en varios lugares a la vez y nos resulta gracioso a día de hoy, justamente por ser un granujilla cómico de standup (he ahí la importancia del contexto).
Lo que cambia en la actualidad es la escala y las redes de distribución. Casos como los mencionados Milli Vanilli o Andy Kaufman eran episodios aislados en comparación con la inmensa facilidad de creación y difusión que existe hoy en día.
¿Puede interesar el contenido artificial?
En este apartado podemos observar comportamientos distintos en el mundo de la información y en el de la música. En el primero, el contenido sintético ya tiene éxito; en la música no, pero, paradójicamente, prospera y fracasa exactamente por el mismo mecanismo: la emoción, el drama.
Internet está plagado de fake news que consiguen su objetivo (en el sentido de que se leen, se comparten y captan la atención) debido a algo tan humano como reforzar nuestros propios sesgos o por una especie de tribalismo al intentar atacar a quien, en un tema concreto, consideramos que puede ser el bando contrario. Pero no dependen de ningún modo de la presencialidad.
En la música esto, no ocurre al menos del mismo modo. Es creciente el interés en eventos únicos, como conciertos o festivales; ayuda también que la facturación por los álbumes ya no supone un porcentaje tan grande de los ingresos de los artistas como lo era el siglo pasado, pero esto es otra consecuencia de la distribución a escala. No todo viene derivado de la IA, amigos.
Y ya que hablamos de eventos únicos, hablemos de deporte; competiciones de fútbol como la Champions League, LaLiga o la Premier League, ligas de deporte americano como la NFL o la NBA, año a año, siguen batiendo récords de facturación debido al incremento del interés que despiertan a lo largo y ancho de este nuestro mundo. ¿Por qué? Por el drama, por la emoción, por el no saber exactamente qué esperar de un partido o de una temporada en concreto; ese es exactamente su valor.
De todos modos, si hay una disciplina en la que podemos ver ya en 360º el impacto de la tecnología, es el ajedrez. Todos somos conscientes de cómo la computación puede ayudar a un Gran Maestro a seguir mejorando, pero todos también somos conscientes de que esa misma máquina puede ganarle al Gran Maestro cómo y cuándo quiera.
Bien, dicho esto, ya existen campeonatos de ajedrez no humanos que cuentan con seguimiento y pueden tener su cabida como laboratorios de experimentación para pulir la tecnología, pero la audiencia no es comparable a la de los torneos de humanos. Esto se debe a que el valor en sí es la experimentación de la emoción, el drama de una decisión, la magia de un movimiento, y sin intención, sin propósito, amigos, eso sencillamente no existe.
La importancia de la confianza
Es por todo esto que la confianza resulta vital. Si las bases de toda competición o disciplina no están claras, pierden toda su esencia y se exponen a un grave peligro.
Tenemos que saber a ciencia cierta que un ajedrecista está jugando por sí mismo una competición, porque no nos interesa la jugada perfecta, nos interesa su jugada perfecta.
Tenemos que saber a ciencia cierta que nadie hace triquiñuelas para saltarse el límite salarial de la NBA, regla fundacional de la liga.
Tenemos que saber a ciencia cierta que una competición no está amañada, porque si no, ¿para qué vale verla?
Tenemos que tener claro qué está haciendo una banda en su directo, porque para darle al play ya tenemos nuestro reproductor en casa.
En una sociedad en la que el volumen de contenido que tenemos a nuestra disposición es tan amplio, paradójicamente, resulta más complicado encontrar información de valor, separar el grano de la paja, vamos. De ahí que la fe en la red cercana, en fuentes creíbles o en medios de comunicación sin incentivos perversos sea vital a día de hoy.
Dejar de consumir medios de clickbait (no, «No te creerás lo que hizo Josh Homme en su último concierto» no es un titular confiable), o consultar varias fuentes para verificar con el tiempo quién está siendo honesto y quién no, son la clave para poco a poco evolucionar.
Y es que, como decimos, la confianza solamente se puede construir de un modo: con fiabilidad a lo largo del tiempo. Así que:
Habrá que levantarse a construir
Habrá que levantarse a trabajar
Por algo mejor
Candelabro – Fracaso
