El Tintero es el post trimestral en el que recopilamos los álbumes que todavía no habíamos destacado, pero que son paradas más que recomendables en tu radar musical.
Charli XCX: Music, Fashion, Film
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Qué ocurre cuando sustituyes los sintetizadores de esa obra maestra que es brat por guitarras? Exactamente esto, que el electropop puede sonar como The Stooges. Capaz de definir la dirección futura del pop con cada álbum, Charli sigue estirando una racha incontestable de aclamación de crítica y público para mantenerse como la estrella femenina más relevante de nuestros días.
Grace Cummings: Bloodhorse!
Olvidémonos de las comparaciones que se suelen hacer con la artista australiana (PJ Harvey, Nick Cave, Bob Dylan… casi nada) y centrémonos en su cuarto LP de estudio, Bloodhorse!.
Con su anterior disco (Ramona, 2024), Cummings había dado el salto fuera de las fronteras oceánicas, pero Bloodhorse! está sirviendo de confirmación del talento tanto interpretativo como compositor de la también actriz, una faceta esta última que refleja fielmente en su música, introduciendo una teatralidad e intensidad en su interpretación al alcance de pocos, tal y como demuestra en temas como FAKE o Bloodhorse!.
Mala Gestión: Hacemos lo que podemos
El segundo largo de la banda valenciana sigue el rastro de su debut con temas rápidos y costumbristas, pero con una mezcla de estilos ecléctica a lo largo de la escucha, haciendo énfasis en ciertos momentos en sonidos más electrónicos, como en la canción homónima, Hacemos lo que podemos o Sandalias del PSOE, más festivos como en Ex-Ex (pareja), o explorando el shoegaze en Sí, es tu culpa.
Pero es en su vertiente más ñunk (así se autodefinen ellos mismos) donde más brillan, como se observa en su inicio trepidante con Morir lejos de aquí, Skol y Edgar Allan Poe, canción esta última que recuerda a los Carolina Durante más clásicos.
mary in the junkyard – Role Model Hermit
En algún lugar intermedio entre el trip-hop acústico, el alt-rock mainstream de voz femenina de los 90 y el indie-rock habita este trío londinense. Un hit incontestable como «Blood», usando el mismo telar para tejer sus canciones que Radiohead usaba circa The Bends, nos pone en situación. Un álbum de texturas y atmósferas que los pone en el radar para dar un salto en próximas entregas.
Kevin Morby – Little Wide Open
En su octavo álbum de estudio Kevin roza la perfección folk-rock/americana. Canciones atemporales para un viaje por carretera, para un atardecer dorado escuchando la sinfonía de la vegetación mecida al son del viento y el canto de los grillos, o para levantar un ánimo decaído. Y además, sobre la mesa, una pléyade de colaboradores que quita el sentido, como en los pináculos del género grabados en los 70.
Ed O’Brien – Blue Morpho
Aunque ya han pasado diez años del último disco de Radiohead, A Moon Shaped Pool, el descanso está siendo fértil para sus integrantes. Los aclamados álbumes de The Smile, con Thom Yorke y Jonny Greenwood juntando fuerzas con Tom Skinner, las 4 BSO de Jonny –incluida una nominación al Oscar en 2025– y los álbumes de Phil Selway y Ed O’Brien en solitario, dan buena muestra. En este segundo álbum de Ed encontramos ambient, requiebros armónicos en línea de la banda mater, paisajes fantasmales y, cada vez que aparece una mínima grieta, luz iluminando la estancia.
The Afghan Whigs – Soft Control
Cuatro décadas después de su formación, The Afghan Whigs atraviesa una etapa muy fértil. Su décimo álbum y cuarto desde su reunión, Soft Control, elude la nostalgia o la imitación de su juventud para demostrar que se puede envejecer en el rock alternativo manteniendo el peligro, la elegancia y la veracidad.
A sus casi sesenta años y tras sufrir pérdidas cercanas devastadoras como la de Mark Lanegan, Greg Dulli aparca la angustia autodestructiva de antaño y compone desde la madurez y la vulnerabilidad sin necesidad de reivindicar su comeback como si fuese un golpe de autoridad, ya que la verdad, nunca nadie ha sonado como ellos. Temas recurrentes en su imaginario como la culpa, el deseo y la paranoia nocturna siguen presentes, pero abordados con una serenidad más marcada.
El disco combina cortes musculares e inmediatos como “Jungle Roux” o “House of I” con joyas absolutas como “Duvateen”, un tema marcado por un piano envolvente y una profunda reflexión sobre el paso del tiempo y la mortalidad. Navegando siempre entre texturas cinematográficas y pasajes de corte más melódico, Soft Control consolida a la banda como un referente de madurez artística que administra magistralmente sus luces y sombras.
The Menzingers – Everything I Ever Saw
En su octavo álbum de estudio, Everything I Ever Saw, The Menzingers consolidan su madurez con un disco que funciona como un manual de supervivencia grupal. El trabajo captura el contraste emocional entre sus dos líderes: mientras Greg Barnett celebra la estabilidad matrimonial, Tom May atraviesa un divorcio. La banda utiliza las canciones como una red de seguridad mutua, transformando los baches personales en un abrazo de colegueo.
En lo musical, bajo la producción de Will Yip, el cuarteto abandona definitivamente el punk rock más rápido para abrazar una madurez pausada que evoca el heartland rock de Bruce Springsteen y la épica de The Gaslight Anthem. Predominan los medios tiempos, las guitarras con más textura y los espacios para el respiro, con una química vocal entre Barnett y May que potencia la vibración comunitaria.
El álbum cierra con el tema homónimo, un himno monumental sobre aprender a habitar el presente sin dejarse aplastar por el pasado. Con este trabajo, The Menzingers demuestran que la mediana edad y el paso del tiempo no apagan la chispa creativa, sino que la transforman en resiliencia.
The Ocean – Solaris
Con Solaris, su duodécimo álbum de estudio, el colectivo alemán The Ocean afronta un ejercicio radical de supervivencia artística y reinvención. Tras el impacto de Holocene y la salida de figuras clave como el vocalista Loïc Rossetti, la banda de Robin Staps optó por renovar su alineación y desafiar su propia historia. Abandonando las eras geológicas de sus discos anteriores, este trabajo mira hacia las estrellas, inspirado en la obra de Stanisław Lem y sumergido en una atmósfera de ciencia ficción psicológica y contemplativa.
El nuevo tándem vocal (compuesto por Enrico Tiberi y la multifacética Lane Shi, de Otay:Onii) reconfigura las texturas del grupo con una dinámica dual. Mientras Tiberi sostiene el peso melódico y los arrebatos metalcore, Shi aporta un matiz experimental y vanguardista. Este enfoque se potencia con la colaboración de leyendas como Thorsten Quaeschning (Tangerine Dream) y Orestis Zafiriou, cuyos sintetizadores tejen un tapiz donde las guitarras ceden protagonismo a pasajes introspectivos, atmósferas cinematográficas y crescendos orquestales.
Temas como “Departure Song” y “Light Pollution” ejemplifican la transición desde partes acústicas hacia erupciones sonoras de tono melancólico, mientras que suites épicas como “Simulacra” y “Belligerence” despliegan su habitual complejidad estructural y cambios de compás. Hacia el tramo final, con cortes como “Milk of My Dreams”, el álbum deriva hacia la electrónica, y no sabemos si será en modo “Continuará…”
This is Lorelei – The singer in my band
Tras años como artesano del lo-fi y agitador musical junto a Water From Your Eyes, Nate Amos retoma su alter ego This Is Lorelei con The Singer in My Band, un disco tan inesperado como desconcertante que deja atrás el barniz experimental para ofrecer su obra más orgánica, confesional y enraizada. Lejos de ordenar el caos o buscar impresionar a alguien, este trabajo suena a calma serena tras aceptar las propias grietas. Concebido al ritmo de la carretera y pulido con sobriedad, Amos abraza las sonoridades acústicas y el pulso del folclore estadounidense.
A lo largo del repertorio, el neoyorquino asume el papel de un narrador que encarna a personajes marginales y forasteros, oscilando entre la sátira simpática y la melancolía. La ligereza teatral de las letras contrasta con una instrumentación muy pulcra que prioriza el espacio y la calidez analógica. Lejos de ser un ejercicio de nostalgia o un pastiche genérico, el álbum respira una autenticidad transparente que reafirma a Nate Amos como un talento generacional único: un creador libre que demuestra que, tras dominar la sobreestimulación moderna, la verdadera audacia consiste en cantar con la verdad por delante y la guitarra en la mano.
Weird Nightmare: Hoopla
Weird Nightmare, el proyecto en solitario del canadiense Alex Edkins, lanza en 2026 su segundo trabajo tras el parón indefinido de su banda matriz, METZ.
Esta reciente obra de su proyecto más personal sigue la estela del debut homónimo, evolucionando hacia un sonido más pulido sin perder la fuerza que caracterizaba al primero como se puede observar desde el primer tema Headful of Rain. Ambas entregas resultan más cercanas al power pop que al noise rock que definía a METZ.
YHWH Nailgun – Magazine
Post-punk experimental. 10 canciones. 11 minutos.
