2928 millas (4712 km en las medidas de la civilización) es la distancia que separa el actual hogar de Grace Potter, Topanga Canyon, de su Vermont natal; un trayecto que ha realizado en varias ocasiones en coche y que sirve de hilo conductor de esta road movie que nos presenta.
Esta nueva aproximación a uno de los grandes temas de la cultura estadounidense, la carretera y sus desvíos, es la secuela espiritual de su anterior trabajo Mother Road (2023) producido de nuevo por su pareja, Eric Valentine (a los mandos también de otra obra que a lo mejor os suena: Songs for the Deaf de Queens of the Stone Age) y que nos sumerge en un álbum de rock lleno de gafas de sol, huidas, robos de besos y diversión.
Es curioso que en este disco no exista un excesivo protagonismo de las guitarras, pero todos los instrumentos están bien ensamblados pero al servicio de la canción y su elemento fundamental: la poderosa voz de su autora. Potter consigue aunar grandiosos destellos soul con momentos intimistas.
¿Qué no tiene este disco? Tenemos baladas que se vuelven explosivas y juguetonas (recomendamos fervientemente la canción «Love Me Not«), órganos Hammond radiantes, coros que suenan a jukebox con birra, funky sin complejos y una vitalidad y ganas de diversión apabullantes.
Aparte de la temática y su intención cinemática (os recomendamos echarle un vistazo a los cortos de adelanto del disco que ha ido colgando a lo largo de los últimos meses en su canal de YouTube) hay en este recorrido una condensación de los grandes géneros de los que bebe el rock and roll y lejos de resultar una amalgama forzada suena orgánico y poderoso.
Potter parece obsesionada con buscar su obra maestra, una que condense todo su saber hacer y las fuentes de las que se alimenta. No sabemos si la alcanzará, pero ni se resiste ni se resigna a dejar de correr tras ella.
Un consejo: no os pongáis este disco en la comodidad de vuestra casa, como yo; daos una vuelta con él. Es una excelente banda sonora para cualquier viaje.
