La energía del nuevo álbum de Kiwi Jr. es la de un grupo de niños corriendo por la playa, erráticos y despreocupados, respaldados por la certeza de que el verano nunca se acabará. La inicial «Photos of Reenactment», en la tradición del mejor pop de guitarras jangly de los 80, desde el primer segundo desvela las armas con las que la banda de Toronto se persona en su cuarto disco.
Mientras en «Blowin’ Up» o «Pure Michigan» parecen la reencarnación de Elvis Costello & The Attractions, con unos arreglos de teclado tan vigorosos y ágiles que producen el vértigo de una montaña rusa, en «Hard Drive, Ontario» construyen la canción sobre los mismos cimientos que Weezer armaron una carrera. «New Jade Rabbit» suena como un bastardo intento de The Strokes de hacer soft-rock à la Fleetwood Mac (Julian, por favor, si me estás leyendo: no lo intentes). «Caught in the Wild» baja revoluciones para acercarse a territorios Wilco, con ese solo de guitarra en forma de chispazo eléctrico que parece la secuela de «Impossible Germany».
Un disco tan intrínsecamente deudor del indie-rock americano remata con la poderosa «Landscape with a Limousine» —con la colaboración de Protomartyr—, donde como oyentes somos partícipes del tormento del protagonista en la distancia metafórica que separa un Chevy Impala descapotable de un indistinguible coche familiar.
En lo temático se entretejen historias de estudiantes cruzando la frontera para comprar alcohol, canciones inspiradas por podcasts de true crime o por el insólito descubrimiento de contraseñas de wifi en remotas zonas rurales, habilitando espacios para reflexionar sobre la vida adulta, las inseguridades personales y la certeza de que el verano siempre se acaba, aunque el siguiente ya nos espere a la vuelta de la esquina.
