LCD Soundsystem – More cowbell

James Murphy, el líder de LCD Soundsystem, conoció a Tim Goldsworthy a finales de los 90 en Nueva York. Pronto formaron el dúo de DJs/productores DFA y comenzaron a organizar fiestas, pinchar y producir remixes. Poco después crearon DFA Records, un sello musical que editaría, entre otros, a los propios LCD Soundsystem.

En la nochevieja de 1999, montaron en sus oficinas una cabina de DJ en el balcón. James partió dos pastillas de Mitsubishi (MDMA) en cuartos y las colocó en las esquinas de los platos de pinchar. Mientras pinchaba y conectaba canciones, conectaba también cuartos de Mitsubishi. James sentía que todo fluía tan bien que decidió pinchar “Mother Sky” de Can, 14 minutos de puro krautrock, de modo que tuvo tiempo suficiente para ir a bailarla a la pista y regresar. Y, al volver a la cabina, pinchar “Mother Sky” de nuevo y regresar a la pista. Enciclopedismo musical, sudor y hedonismo: la experiencia LCD Soundsystem.

Por aquella época, Nueva York se percibía algo deprimida en lo musical. Acostumbrada a ser vanguardia y faro artístico de Occidente (punk y new wave en los 70, hip-hop en los 80), la ciudad estaba inmersa en la edad de oro del hip-hop a la espera de acoger la siguiente gran revolución musical, que en los 90 ocurrían lejos de la gran manzana (Seattle, Athens, Chicago, Reino Unido). En aquel ambiente fértil y hambriento, conciertos y fiestas se sucedían en un caldo de cultivo ideal, rebosante de gente joven con ideas y crisol de géneros y orígenes. Entre los habitantes de aquella Arcadia nuevaolera se encontraba James Murphy. 

Después del 11-S, con parte de la ciudad entregada al desenfreno como refugio para el duelo, James acabó de dar forma a LCD Soundsystem -una banda estable para un proyecto casi unipersonal- y capturó ese espíritu eufórico-atribulado llevando el dance-punk a nuevas cotas de popularidad. En la pista de baile, bajo una fulgurante bola de espejos, James reunió a David Bowie, Brian Eno, Kraftwerk, Talking Heads, New Order, Liquid Liquid, Can o Suicide, entre muchos otros.

LCD Soundsystem (2005)

La expectación era enorme tras el éxito de todos los singles previos al lanzamiento del álbum debut (“Losing My Edge”, “Yeah”,…) pero James sobrevive al hype. Declaración de intenciones desde la portada: la imagen de una bola de discoteca que parece fotocopiada hasta desdibujarla, poderosa metáfora de la reinvención de géneros. El disco arranca con “Daft Punk Is Playing At My House”, hit inmediato con uno de los pocos solos de cencerro que se recuerdan. 

Canción tras canción, el álbum debut transita por todos los lugares que se hicieron seña de identidad de la banda. Dominan los sintetizadores y las programaciones, pero hay lugar para el punk (“Movement”), la balada electrónica (“Never As Tired As When I’m Waking Up”) y la experimentación (“On Repeat”). Un disco hecho para la pista de baile, sudoroso y excitado.

Sound of Silver (2007)

James cuenta que tuvo una epifanía en un sueño: el segundo disco tendría que ser mejor que el primero (brillante decisión). Con esa ambición en mente, y tras superar el bloqueo creativo gracias al álbum 45:33 (2006) compuesto para Nike, James forra el estudio con papel de aluminio para inspirarse. La producción da un salto de gigante y se revela la mejor de las virtudes de James como compositor y productor: la construcción de las capas de las canciones. “Get Innocuous!”, que abre el álbum, es el primer ejemplo. Construcción lenta: sinte a sinte, la súbita irrupción de la batería metronómica como una caja de ritmos, las capas superpuestas de voces; todo aumenta la dinámica de la canción sin saturarla. James no tiene miedo a la duración de las canciones, un disco de apenas 9 canciones alcanza los 56 minutos. Hits directos como “North American Scum” y “Time To Get Away” y hits generacionales como “Someone Great”, una balada digital y cósmica, o la gran canción de amor que cierra el álbum, “New York I Love, But You Are Bringing Me Down”, destacan en un álbum que no tiene relleno. Guitarras afiladas como en el mejor post-punk, una batería que suena firme en lo krautrock, en lo disco y en lo punk (en “Watch The Tapes” siempre hay espacio para una marcha más) confieren humanidad a un disco de máquinas. Suena amenazante, hedonista y lúdico. Sobre el disco flota la misma sensación que tuviste en aquella fiesta: la policía está a punto de llegar.

Y además, está su canción más reconocible, “All My Friends”, con James usando la plantilla de “Transmission” de Joy Division; un contenido crescendo de 8 minutos, ganado pulgada a pulgada hasta el gran clímax. Su mejor álbum. 

This Is Happening (2010)

“You wanted a hit, but maybe we don’t do hits”, canta James en “You Wanted A Hit”. La banda no puede gritarlo más alto: no quieren vivir sólo del hit. Las canciones toman una apariencia más experimental, la voz de James adopta una tesitura de crooner electrónico y se acerca tanto a David Bowie que sus alas de cera podrían derretirse. Sin embargo, sale exitoso, aun siendo “All I Want”, uno de los homenajes más obvios a “Heroes” de entre los cientos que se han hecho, pero también el más honesto: muchos diríamos que “all I want” es haber compuesto “Heroes”.

El giro experimental, sin abandonar su identidad, les permite trabajar las canciones desde un punto de vista más próximo a los Talking Heads del Remain in Light, empleando polirritmos que tornan las canciones más poliédricas (“Dance Yrself Clean”, “Home” o “Pow Pow”), para que el funk minimalista tome el escenario. 

Tras el disco, James sabe que el final está cerca: “Sabía que era el último disco. Simplemente lo sentía: tres y se acabó. Con las bandas punk, los tres primeros discos son buenos y el resto son un asco.” La banda se despide en lo más alto con un épico concierto en el Madison Square Garden de Nueva York, el 2 de abril de 2011. Como calentamiento, cuatro conciertos en NY días antes para luchar contra la reventa, exactamente iguales. Casi 4 horas, 28 canciones (incluida 45:33 en su totalidad) para poner fin a la carrera de LCD Soundsystem.

american dream (2017)

O no. Los rumores comienzan a circular entre la prensa musical y en 2016 James reúne a la banda para encabezar algunos festivales y entrar a grabar su cuarto álbum. “oh baby”, la apertura de american dream, suena como una disculpa, una vuelta a casa arrodillado pidiéndonos perdón por la traición y el engaño. 

Igual que al hacernos mayores nos sentimos extraños en los lugares que de jóvenes eran nuestra casa, ellos descuelgan la bola de espejos y encaran de frente terrenos más experimentales. Las letras ya no cultivan tanto el sarcasmo o la euforia como en discos anteriores sino que exploran más el miedo y la angustia. Podemos seguir bailando, “tonite”, pero la fortaleza del disco está en la oscuridad que emana de las canciones y cómo el conjunto convive mejor con el silencio que con la exuberancia. 

La elegíaca “black screen” es un homenaje a David Bowie tras su fallecimiento. Si bien nunca escondió su influencia, sobre este disco la sombra de la trilogía de Berlín de Bowie y Eno es más alargada que nunca. 

Y desde entonces, el silencio. En 2017 James Murphy dijo que pasara lo que pasara nunca más volvería a anunciar la separación de la banda, simplemente dejarían de hacer música. Mientras dure este limbo, seguiremos hablando de ellos en presente y revisitando su legado. El zeitgeist de principios de siglo, canciones donde los sintetizadores tienen un protagonismo colosal, pero que serían nada sin la alquimia humana de la manufactura: la poderosa interpretación de los instrumentos, los coros, las palmas y hasta ese maldito cencerro que invita a bailar.

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