Allá por el año 90, en la pequeña ciudad de Monroe, Louisiana, los Clay Bears deleitaban al público del bar Enoch’s con una pieza de drone1 cuando, transcurridos diez minutos de actuación, fueron desalojados del escenario por el dueño del local.
“¡Pero si solo era una nota!” — protestó el líder de la banda.
“Ya, pues no era una nota muy buena” — replicó el dueño.
El líder era Jeff Mangum y los Clay Bears una de las múltiples formaciones en las que daba rienda suelta a su particular creatividad antes de liderar Neutral Milk Hotel. Estas formaciones mutantes estaban integradas por amigos que compartían esa libérrima, caótica e imprevisible visión de la música, agrupados todos alrededor del colectivo Elephant 6 Recording Company —Elephant 6—, nombre con el que Jeff, Robert Schneider, Bill Doss y Will Cullen Hart bautizaban las grabaciones caseras que realizaban en los 80.
Los cuatro crecieron juntos en Ruston, Louisiana, pero, a principios de los 90, el elefante bípedo puso una pata en Athens, Georgia, —a dónde se mudaron la mayoría— y otra en Denver, Colorado, en donde Robert montó su estudio de grabación, el Pet Sounds Studio, convirtiéndose en una suerte de Phil Spector/Brian Wilson para el colectivo.
On Avery Island (1996)
Con el Reino Unido mirando puertas adentro al auge del britpop y los jóvenes alternativos estadounidenses todavía sacudidos por la explosión del grunge y los rescoldos del rock alternativo del cambio de década, Jeff graba su primer álbum en el estudio de Robert, sin una formación estable, pero siempre rodeado de amigos.
Abre el disco el surf-pop lo-fi de “Song Against Sex”, anticipo de la vanguardia que encumbraba a Animal Collective 10 años después. Folk en esteroides arropando la quejumbrosa voz de Jeff, alternando melodías de guitarra y hoguera y sonoridades casi infantiles con rarezas ruidistas como “Marching Theme”, que suena como si la aguja de tu tocadiscos se hubiera posado sobre una aspiradora estropeada. La excentricidad se extiende a las letras, con singulares narraciones sobre sexo raro, personajes imposibles e historias poliédricas. Un vendaval confinado en una vasija de cristal.
In The Aeroplane Over The Sea (1998)
Después del moderado éxito del disco anterior, Jeff volvió al estudio de Robert, acompañado de los músicos (amigos) que lo acompañaron en la gira de On Avery Island, para grabar su continuación, un disco donde redoblan la apuesta por sonar destartaladamente bien.
Alimentando ese aura de genio nerd, las canciones de Jeff siguen tan despeinadas como en el primer álbum, como ese amigo que es un genio y siempre parece despistado. Pianos de juguete devuelven a tierra las apoteosis distorsionadas. Las canciones se fragmentan y se recomponen, envueltas en una luminosidad psicodélica y una energía casi punk, como en “King of Carrot Flowers, Pts. 2&3”.
Justo a continuación, su obra maestra, la sublimación de su propuesta en la canción que da título al álbum. Una canción de pop redondo vestida por un manto primitivo donde brillan instrumentos inusuales (habituales, en su caso) como una sierra o una tuba. En este disco no hay solos de guitarra, hay solos de tuba. Las canciones se suceden sin respiro, como una ópera grabada en la trastienda de un circo, todo exaltado por fanfarrias circenses o fúnebres según requiera la ocasión. En las letras, de nuevo hay sitio para los personajes excéntricos e incluso cartas de amor a Anna Frank, como en “Holland, 1945” («Después de leer su diario, lloré 2 días seguidos»).
En la gira de presentación del disco, conciertos que empiezan horas tarde, cantantes que se lanzan sobre la batería: el caos de las canciones se traslada al escenario y todo fluye libremente en un ambiente anárquico, pero cortés. El público, sabiéndose testigo de un momento histórico, puede reconocer a una banda en su mejor y más dulce momento, quizás en su cumbre, con una personalidad difícilmente repetible.
Después de la gira, el silencio. In The Aeroplane Over The Sea como obra maestra y epitafio a la vez. Fanfarrias circenses o fúnebres, según requería la ocasión.
Jeff se aleja del foco, sin dramas, sin grandes anuncios ni clínicas de desintoxicación. Simplemente abandona el escenario y sigue a lo suyo, disfrutando de su visión de la música.
El legado de la banda, indeleble hasta hoy, se puede rastrear desde principios de los 2000. Bandas como los primeros Arcade Fire, The Decemberists, Clap Your Hands Say Yeah!, Beirut o Fanfarlo son difíciles de imaginar de no haber existido NMH y el colectivo. Año tras año, es uno de los vinilos alternativos más vendidos de los 90.
Y desde el parón, solo una breve interrupción del silencio entre 2013 y 2015 para saldar deudas con el creciente culto a su alrededor. La segunda venida de Jesucristo.
Elephant 6
En el árbol genealógico del colectivo, innumerables ramificaciones en forma de bandas, muchas compuestas por los mismos miembros intercambiando roles e instrumentos. Una selección:
The Olivia Tremor Control – Music from the Unrealized Film Script: Dusk at Cubist Castle es el debut de la banda de Will Cullen Hart y Bill Doss. Una banda sonora imaginaria para una película inexistente, una obra maestra, mitad orfebrería pop y psicodelia sesentera, mitad experimentación. 73 minutos, 27 canciones, diez de ellas con el título “Green Typewriters”.
The Apples in Stereo – Tone Soul Evolution. El sol del sistema solar de Elephant 6, como se referían sus compañeros a él, Robert Schneider, alcanzó su cénit en su segundo disco. Guitarras jangle en la estela de los Byrds y melodías luminosas como los primeros Beatles.
Of Montreal – Hissing Fauna, Are You The Destroyer? El proyecto personal de Andrew Barnes tocó cima en este ecléctico disco donde synth-pop, psicodelia y funk se abrazan en la pista de baile.
Elf Power – A Dream In Sound. Injustamente minusvalorados, son puro indie-rock noventero de melodías limpias y distorsión.
CODA: There is music that sounds from the street
Todos compartían su pasión por la música y la única forma que concibieron de disfrutarla fue hacerlo a su manera y rodeados de amigos.
¿Quién no querría formar parte de Elephant 6?

- Minimalist experimental music in which a note or sound is sustained in time. ↩︎
