¿Nos empuja la IA hacia un nuevo renacimiento de la creatividad?

El acceso a la inteligencia artificial está resultando en una explosión de nuevo contenido en todas las industrias, y la música no es una excepción a ello. Desde controversias sobre canciones clónicas dentro de las plataformas de streaming, hasta bandas o individuos produciendo temas creados al 100% con estas herramientas, la aparición de la tecnología generativa está ya dejándonos un nuevo vocabulario.

Si hace unos años hablábamos de enshittification (algo así como «enmierdamiento» en castellano), este fenómeno se está viendo magnificado por el llamado AI slop: contenido generado usando IA sin aportar ningún elemento original a la creación y con características distintivas de la misma, como el uso de ciertas palabras concretas o signos de puntuación específicos.

Actitudes ante la IA

De todos modos, la generación de este tipo de refritos no es algo nuevo; como comentamos, hace ya tiempo que conocemos estos conceptos, pero lo que cambia claramente es la escala. Cada vez es más difícil encontrar la aguja en el pajar, dejándonos en cada decisión de escucha cara a cara con la incertidumbre. Esto puede llevarnos hacia diferentes tipos de enfoques para asimilar la realidad:

  1. Pre-pandémicos: “Ok, no voy a escuchar nada posterior a 2020 y me ahorro todo el slop”. Nada nuevo bajo el sol; gente que no escucha grupos nuevos a partir de su adolescencia siempre hubo y siempre habrá, pero la contraparte sigue siendo perderse álbumes nuevos más que interesantes 😉
  2. Se dejaban llevar: “Yo enchufo mi Spoti y lo que vaya saliendo y recomendando”. Podemos vestirlo de modernidad por el uso de algoritmos si queremos, pero la lógica detrás es la misma que la de la radiofórmula desde tiempos inmemoriales (¡ay, los incentivos perversos!).
  3. Humanistas: “Me sigo fiando de mis amigos, de estos 3 influencers y de estas 4 publicaciones, sobre todo CODA Radio” (imprescindible autorreferencia). Tu siempre positivo, nunca negativo, claro que sí guapi.

Puede parecer que esta última postura, la humanista, rehúye de la tecnología, pero nada más lejos de la realidad. Afrontar tal cantidad de contenido requiere de filtros tanto humanos (la última milla, la más complicada de afinar), como de ecosistemas tecnológicos donde aparezcan plataformas que permitan cribar el contenido generado por humanos, o que directamente no permitan el uso de IA.

Los gigantes más conocidos, como Spotify o YouTube, parecen estar optando por la primera vía, aunque con una tendencia pro-slop, llegando a acuerdos con discográficas para permitir remixes generados con IA (a tope con el fanservice, no teníamos suficiente con los remakes y reboots en el cine… ¡yupi!). Otros, como Bandcamp, han decidido prohibir la publicación de música generada por IA, haciendo que las agujas reales sean un poco más fáciles de encontrar.

Ok, pero ¿qué pasa con la ideación?

Me temo que esta pregunta no se podrá responder nunca. Si algunas bandas quieren componer temas utilizando un modelo de IA para generar tanto letras como música, para después grabarlos ellas mismas en el estudio, será muy difícil de detectar tecnológicamente. En este escenario, la honestidad del artista será lo que prime.

Ahora bien, ¿qué aporta alguien que crea canciones de este modo? De igual manera que no hemos hecho mucho caso al quincuagésimo grupo de hard rock clónico de AC/DC, nos pasará lo mismo con el music slop.

A lo largo del tiempo solemos buscar transiciones, cambios estilísticos e innovación, un patrón que siempre se repite ante las revoluciones tecnológicas. El cubismo nació, en parte, por el impacto de la fotografía en el arte; fue una respuesta creativa humana que retó a la nueva tecnología diciendo: “tú recrea la realidad, que yo iré un paso más allá añadiéndole perspectiva”, rompiendo así con la bidimensionalidad clásica.

¿Nos empuja la IA hacia un nuevo renacimiento de la creatividad?

Veremos qué se impone, si una perspectiva más pesimista o el impulso de la genialidad humana.

A corto plazo, los incentivos económicos apuntan claramente hacia la generación de refritos mediante IA, pero no parece que la autenticidad y la confianza dejen de ser rasgos meramente humanos a largo plazo. De igual modo que ocurrió con las anteriores generaciones, poco a poco se irán rompiendo los moldes antiguos; algo que, al menos ahora mismo, la IA no puede hacer por definición.

Elementos más etéreos como el alma (ains, me he puesto moñas) o la intención son los grandes diferenciadores de la creatividad. Existen ya ejemplos que, bajo una base reconocible, exploran nuevos lugares para hacer evolucionar su sonido.

Bandas de las que ya hemos hablado en CODA, como Maruja (con la impredecible aparición del saxofón en sus temas), Candelabro (con sus estructuras irregulares y cambiantes) o Angine de Poitrine (innovando desde una experimentación microtonal), son grandes ejemplos de cómo la mente humana sigue teniendo la capacidad exclusiva de aportar valor a la historia del arte.

CODA: The kids are alright

La expansión de los límites del conocimiento y el empuje de la creatividad parece una tarea todavía profundamente humana. Esto no quiere decir que la tecnología no tenga ningún papel en ello, como se puede constatar en la democratización y abaratamiento de la producción; arreglos que eran impensables hace diez, veinte o treinta años sin grandes presupuestos, son ahora de acceso prácticamente universal para cualquiera desde su casa.

Así que sí, cierta gente puede dificultar el acceso a artistas que intentan aportar originalidad y colarnos algún gol utilizando IA (ha pasado, está pasando y pasará), pero las soluciones de curación como el etiquetado, las recomendaciones, de CODA por supuesto y, sobre todo, el criterio de amigos, serán siempre nuestra mejor defensa contra ello.