No es habitual que la música electrónica venga acompañada de letras que vayan más allá de asuntos banales, pero resulta todavía más complicado mezclar ritmos rompepistas con la salud mental o la pérdida de un padre.
No es habitual reaparecer, tras unos años alejado de los focos, en el telediario de mayor audiencia de Francia en prime time y, en mitad de la entrevista, arrancar a cantar L’enfer, una canción sobre la depresión y los pensamientos suicidas.
No es habitual, pero todo esto es exactamente lo que define a Stromae.
Los inicios: de Paul a Stromae
Paul van Haver pasó su infancia en Laeken, un barrio que refleja a la perfección la multiculturalidad de Bruselas. Aquellos años resultarían decisivos en su carrera, ya que le permitieron empaparse de géneros muy diversos: de la rumba congoleña o la salsa colombiana al funk y el soul estadounidenses. Conocida es la anécdota del pequeño Paul y su madre asistiendo a un concierto gratuito de James Brown en Bruselas en 1995, cuando él tenía apenas diez años.
Pronto empezó a interesarse por la música: primero con clases de batería y después con una creciente afición al rap, un género entonces en plena expansión en los países francófonos.
Es ahí donde nace su nombre. Una práctica común en el rap francés de los noventa era recurrir al verlan, una jerga que consiste sencillamente en invertir el orden de las sílabas de una palabra. OPSmaestro fue su primer alias, pero le pareció demasiado pretencioso, así que se deshizo del OPS y verlanizó lo que quedaba: Maestro se convirtió en Stromae. Un simple cambio de orden.
Sus principios en el rap no fueron fáciles. Componía con un amigo de la adolescencia, producía, grababa videoclips… pero el éxito no llegaba. Fue, de todos modos, una etapa clave en su aprendizaje: allí se fraguó su filosofía DIY, hasta el punto de rechazar en sus propias letras la etiqueta de rapero para considerarse, sencillamente, músico.
De YouTube al estrellato
Del mismo modo que la madre de Justin Bieber consiguió promocionar a su hijo desde la plataforma, Stromae la utilizó apenas un par de años más tarde para enseñar cómo estaba construyendo su primer disco, Cheese.
Las Leçons de Stromae fueron ganando tracción, y es en la leçon 8 donde, ya con público, presenta al mundo Alors on danse.
Pero no fue YouTube por sí solo lo que convirtió el tema en un fenómeno. Stromae no tenía contacto alguno con la industria musical y acabó entrando a trabajar en NRJ, una emisora musical. Allí enseñó su trabajo a los programadores y los convenció para que lo pincharan; el resto es historia, un éxito instantáneo en medio mundo.
Electro, pop y melancolía
El triunfo de Alors on danse dejó de lado las lecturas que podían extraerse de las letras de Cheese. Ya el título del álbum es un guiño a esa situación en la que uno fuerza una sonrisa para salir en una foto, y ni siquiera Alors on danse tiene una letra ligera: invita a bailar para olvidar deudas, lutos o divorcios.
Podría parecer, en realidad, una simple excusa para el estribillo, pero es con el lanzamiento de su segundo disco, Racine carrée, cuando confirmamos que esa lectura menos superficial es seguramente la acertada en su caso.
Papaoutai, otro rompepistas (esta vez con una letra explícita sobre la ausencia del padre y la infancia sin esa figura), o Formidable, sobre el dolor de una ruptura y el alcoholismo, reflejan con claridad la vertiente más intimista del artista belga.
Y es en Formidable donde se aprecia su capacidad para emocionar fuera de la electrónica, en un corte más cercano a la nouvelle chanson française que a ningún ritmo bailable: una distancia con el electropop que terminará de consolidarse en su tercer disco, Multitude.
De Stromae a Paul, y vuelta a empezar
Durante la gira africana de Racine carrée, en 2015, el artista toma un medicamento contra la malaria que le provoca efectos secundarios muy graves: insomnio severo, paranoia, psicosis, alucinaciones e ideación suicida.
Ese mismo año decidió parar, casarse con su pareja, Coralie Barbier, y apartarse de los focos. En esos años, Paul decidió pausar a Stromae. Tres años después fue padre y continuó con su vida sin apariciones públicas, aunque no dejó la creatividad encerrada: siguió produciendo para otros artistas y firmó éxitos como «Tout va bien», con Orelsan.
En 2022 reapareció con Multitude, un álbum de músicas del mundo y de redención en el que sobresale L’enfer, la canción con la que abríamos estas líneas.
Piezas como La solassitude, la propia L’enfer o Mauvaise journée subrayan el difícil equilibrio mental que el artista sostiene desde que le llegó la fama. Y, sin embargo, la canción que abre el disco (Invaincu) y la que lo cierra (Bonne journée) son luminosas: celebran la fortaleza de haber sido golpeado por un mal y haberlo superado, así como las cosas buenas del día a día.
Multitude es, en mi humilde opinión, su disco más redondo; no solo por las letras, también por ser el más variado en lo estilístico, con ritmos cercanos a Latinoamérica en Santé o africanos y japoneses en las mencionadas Invaincu y Bonne journée.
La gira arrancó con muy buenas críticas, pero con el paso de los meses Paul volvió a decirle basta a Stromae: decenas de conciertos cancelados y un perfil público discreto desde 2023. Solo en 2024 volvió a asomarse, con «Ma meilleure ennemie», a dúo con Pomme para la banda sonora de Arcane.
No hay tiempo para tristezas, vamos cantante comienza
Toda historia que nos invite a pensar en la salud mental es más que bienvenida. El caso de Stromae es, además, curioso: un artista de gran éxito en las pistas de baile convertido con los años en una mezcla elegante de Édith Piaf, Manu Chao y Residente, sin renunciar a sus raíces electropop y rap ni a su historia vital.
Tendemos a despersonalizar a las figuras públicas, sean artistas o deportistas, pero la exposición mediática puede afectar sobremanera a cualquiera y, muy en particular, a quienes reciben la fama a una edad temprana.
Así que tengamos presente a Rubén Blades en El cantante y apoyemos a quien pueda necesitar ayuda, independientemente de la exposición mediática, ya que de algún modo, todos somos cantantes en nuestras vidas, pero también somos un humano cualquiera.
Y nadie pregunta
Si sufro o si lloro
Si tengo una pena
Que duele muy hondoYo soy el cantante
Porque lo mío es cantar
Y el público paga
Para poderme escucharYo, soy el cantante
Muy popular donde quiera
Pero cuando el show termina
Soy un humano cualquieraRubén Blades – El Cantante
