Cíclicamente, vuelve a ponerse de moda hablar de los one-hit wonders. Aquellos artistas que conquistaron las listas con una única canción para desaparecer después de la conversación. Pero si nos referimos al término one-album wonder, la cosa se pone más ambigua. Por un lado tenemos los casos muy concretos de Sex Pistols, Jeff Buckley o Lauryn Hill. Grupos o artistas cuya historia quedó limitada por una única obra, ya fuera por separaciones prematuras, fallecimientos o simples decisiones personales.
Por otro lado, en lo que queremos tratar aquí, tampoco encajan aquí bandas como Television, Neutral Milk Hotel o The Stone Roses. Sí, todos tienen un álbum que eclipsa el resto de su discografía, pero también un lugar asegurado en la historia del rock. Nadie discute la importancia de Marquee Moon, In the Aeroplane Over the Sea o The Stone Roses. Son discos que terminaron convirtiéndose en clásicos.
Los protagonistas de este artículo son distintos.
Durante un breve instante parecía que iban a ser la próxima gran banda, tenían el respaldo de la prensa especializada, aparecían en las portadas de NME, Melody Maker o Kerrang!, sonaban en MTV, recorrían festivales y acumulaban comparaciones con los gigantes de la época. Todo apuntaba a que ocuparían el espacio que antes habían llenado pelotazos multinacionales como Nirvana, Oasis, Radiohead o Smashing Pumpkins.
Pero después, casi siempre sin hacer demasiado ruido, dejaron de ser el futuro. Y no porque fueran malas bandas. En muchos casos, todo lo contrario. Simplemente, el rock está lleno de artistas que llegaron cinco minutos demasiado pronto, demasiado tarde o en el momento o lugar equivocado.
En este primer capítulo nos centraremos en 5 proyectos que podrían haber reinado. Atentos a venideras entregas.
Therapy? — Troublegum (1994)
Therapy? tenían la tipología perfecta para ser la nueva esperanza del rock alternativo europeo en esa época mágica para colar hype que son mediados de los 90. Un sonido propio, combinando la agresividad del metal alternativo con la inmediatez del punk y un innegable talento para escribir canciones memorables.
Todo explotó con Troublegum (1994). Temas como Nowhere, Screamager o Die Laughing sonaban frecuentemente en MTV y la prensa británica los señaló como una nueva esperanza. Durante un tiempo, parecía inevitable no era descabellado pensar en un fenómeno similar a Dookie.
Ese salto, sin embargo, nunca llegó. El magnífico Infernal Love (1995) apostó por un sonido más oscuro y arriesgado en lugar de repetir la fórmula. Mientras el britpop acaparaba la atención y el nu metal empezaba a abrirse paso, Therapy? optaron por seguir su propio camino, construyendo una discografía sólida y sorprendentemente consistente. Nunca dejaron de hacer buenos discos, pero simplemente dejaron de ser «la próxima gran banda».
Elastica — Elastica (1995)
Pocas bandas irrumpieron con tanta fuerza como Elastica. En pleno auge del britpop, el grupo liderado por Justine Frischmann publicó un debut que se convirtió en uno de los discos de estreno más vendidos de la historia del Reino Unido. Canciones como Connection, Stutter o Waking Up capturaban la urgencia del punk con la inmediatez del pop, y durante un tiempo dio la sensación de que podían competir de tú a tú con Oasis, Blur o Pulp.
Sin embargo, la historia se encalló. Las polémicas por las similitudes de algunas canciones con Wire y The Stranglers, los problemas internos y un larguísimo intervalo entre discos (hola Stone Roses) hicieron que hype se desvaneciera. Cuando The Menace llegó en el año 2000, el britpop ya había dejado de ocupar el centro de la conversación. En el momento que escribimos estas líneas, han dado signos de vida. Veremos.
Elastica nunca dejó de ser un nombre importante dentro de la música británica de los noventa y vendieron un porrón de discos, pero aquella sensación de que estaban destinadas a convertirse en una de las bandas decisivas de su generación se fue apagando con el tiempo. Durante unos meses parecían imparables. Después, quedaron como el brillante retrato de un momento irrepetible. Una pena.
The Presidents of The United States of America – S/T (1995)
A mediados de los noventa, The Presidents of the United States of America estaban en la conversación de los grandes nombres del rock alternativo estadounidense. Su debut homónimo (1995) fue un éxito inmediato gracias a canciones tan irresistibles como Lump, Peaches o Kitty, una colección de himnos desenfadados que conectó con un público que buscaba un sonido menos oscuro y más cachondo tras la resaca intensita del grunge.
Durante un tiempo dio la sensación de que la banda de Seattle eran los únicos capaces de combinar la tensión eléctrica de la época con más sentido del humor. Sin embargo, el impacto de aquel primer álbum resultó imposible de repetir. Los siguientes trabajos pasaron mucho más desapercibidos y el grupo fue perdiendo protagonismo hasta quedar como uno de los recuerdos más peculiares del rock de los noventa.
Ni por asomo fueron una banda de un solo éxito ni un fracaso artístico, pero sí un ejemplo perfecto de cómo un debut arrollador puede hacer pensar que el techo está mucho más arriba de lo que finalmente termina estando.
The Beta Band – Three EP´s (1998)
A finales de los noventa, pocas bandas despertaban tanta fascinación como The Beta Band. Su inclasificable mezcla de folk, electrónica, psicodelia y pop experimental los convirtió en una de las propuestas más originales del panorama británico, hasta el punto de que músicos como Radiohead u Oasis reconocieron públicamente su admiración o eran mencionados en películas como Alta Fidelidad (2000). Todo parecía indicar que estaban llamados a convertirse en una de las grandes bandas de la nueva década.
Sin embargo, el entusiasmo de la crítica nunca encontró el mismo reflejo entre el gran público. Sus discos recibieron elogios constantes, pero las ventas jamás acompañaron unas expectativas que parecían desmedidas. Tras apenas cuatro álbumes, la banda anunció su separación, dejando tras de sí una influencia mucho mayor que su éxito comercial.
The Beta Band nunca llegaron a ocupar el lugar que muchos les habían reservado, pero su legado sigue siendo el de una de las propuestas más imaginativas y adelantadas a su tiempo de finales de los noventa. Quizá ninguna otra banda de esta lista ejemplifica tan bien la distancia que puede existir entre el prestigio y la popularidad.
Klaxons — Myths of the Near Future (2007)
En 2007 parecía imposible hablar del futuro del rock británico sin mencionar a Klaxons. Su debut, Myths of the Near Future, ganó el Mercury Prize (un patrón que veremos en próximos capítulos) y convirtió al trío londinense en la cara visible del llamado new rave, un movimiento que mezclaba guitarras, electrónica y cultura de club con una estética tan llamativa como efímera. Durante unos meses, todo apuntaba a que estaban llamados a ser la cabeza visible del movimiento (irónico que sus canciones acabaran sonando en anuncios de champú).
Sin embargo, el fenómeno new rave se consumió casi tan rápido como había nacido. Cuando Klaxons publicaron su segundo álbum, la etiqueta que los había impulsado ya había perdido fuerza y el entusiasmo de la prensa comenzó a desplazarse hacia otros nombres. La banda siguió evolucionando, pero nunca consiguió recuperar la sensación de acontecimiento que había rodeado a su debut.
Klaxons no fueron víctimas de la falta de talento, sino de una escena que envejeció a una velocidad vertiginosa. Como suele pasar a menudo en la escena británica, cuando ese futuro llegó, el mundo ya estaba mirando hacia otro lado.
