The Smashing Pumpkins – 28 maneras de entender Mellon Collie And The Infinite Sadness

FLASHBACK

INT. CASA FAMILIAR – MAÑANA (1996)

Un chaval mira la TV sentado en la alfombra. Es sábado por la mañana. De fondo, suena “Del 40 al 1” en Canal Plus.

FERNANDISCO (V.O.)

(a través de la TV, eufórico)

¡Y en el número 35… a tope con los Smashing Pumpkins!

Entran los primeros compases de «Tonight, Tonight». El plano se cierra en los ojos del chaval, completamente abiertos. Esos redobles de batería, esos arreglos orquestales, ese vídeo al mas puro estlo Méliès. Más que una canción es una aparición mariana.

EXT. AUTOBÚS ESCOLAR – DÍAS DESPUÉS – MAÑANA

Suena de nuevo la radio. Es “La Hora Lucky” o “Lucky 10”. Un programa de 10 minutos patrocinado por Lucky Strike en el que asociaban ciudades estadounidenses con artistas.

NARRADOR AMERICANO (V.O.)

(un español imitando acento yankee de forma chusca)

Welcome to Chicago, baby… Hoy pinchamos a los locales Smashing Pumpkins.

Vuelve a romper la sección de cuerda y los redobles de «Tonight, Tonight». El chaval se incorpora disparado en el asiento.

CHAVAL

(para sí mismo, maravillado)

Esto no es casualidad. Esta canción me persigue. Es mágica.

INT. VIRGIN MEGASTORE – TARDE (1996)

Estanterías infinitas de CD, y casetes. El chaval y su amigo Dani están de pie frente a un poste de escucha. Llevan auriculares acolchados gigantes de la época. El disco seleccionado es el primer LP del doble Mellon Collie and the Infinite Sadness.

Los dos se turnan los auriculares con los ojos de quien se ilusiona por primera vez con algo, devorando el disco de cabecera. Es un ritual sagrado que repiten cada semana porque no hay dinero para comprarlo.

INT. HABITACIÓN DE DANI – TARDE (1996)

Un radiocasete está sobre la mesa. El libreto desplegable del casete original de Mellon Collie and the Infinite Sadness se extiende como un acordeón.

El Chaval y Dani están pegados al altavoz. No se mueve un músculo mientras se repasa la cinta, se machacan las letras línea por línea y se flipan con el artwork del disco.

INT. SALÓN DE CASA – SEMANAS DESPUÉS – DÍA

Tu HERMANO entra por la puerta con una sonrisa de suficiencia. En la mano esgrime algo que brilla bajo la lámpara: la joya de la corona, el doble CD original del Mellon Collie. Ya no hay marcha atrás, se ha convertido, de forma definitiva, en vuestro disco de cabecera.

Un buen día de 1995, un Billy Corgan aún con cabellera decidió que, tras asaltar el mainstream con su obra maestra y segundo álbum, Siamese Dream, no tenía la tripa llena; necesitaba que su próximo trabajo fuese un doble disco conceptual de 28 canciones y dos horas de duración que tratase temas tan manejables como el ciclo de la vida, la muerte, la tristeza o la juventud. Llámale modesto. Ahora, coincidiendo con el 30.º aniversario del álbum, presentará por todo el mundo un espectáculo orquestal y operístico basado en su megalómana obra, la cual revisamos ordenando sus canciones de menos a más favorita. 

mellon collie poster


Las canciones de Mellon Collie And The Infinite Sadness de peor a mejor:

28. Beautiful: Una pieza de synth-pop sofisticada y bonita que se siente algo fuera de lugar entre tanto mastodonte.

27. Lily (My One and Only): Del club de las canciones de pop barroco que ayudan a redondear la experiencia ecléctica y desmesurada del disco, pero que por sí solas, no matan.

26. Take Me Down: James Iha toma la voz cantante en la pieza de cierre del primer disco. Acústica y sencillita sin alardes.

25. We Only Come Out at Night: Volvemos a los arreglos de salón con un vodevil cabaretero simpático pero algo alargado.

24. Tales of a Scorched Earth: Corgan se desata con la voz filtrada en una chorrera de noise rock que le saldrá mejor en otra pieza del disco.

23.Cupid de Locke: La mejor de las miniaturas barrocas, con un uso del arpa y la percusión que funciona de maravilla en su búsqueda psicodélica.

22. Farewell and Goodnight: El cierre del disco es una bonita nana con todos los miembros del grupo cantando en modo coral alrededor de la hoguera. Abrazo de despedida.

21. By Starlight: Dream Pop, Slowcore y Shoegaze se dan la mano en una de las grandes infravaloradas del disco.

20. Where Boys Fear to Tread: El segundo disco comienza amenazante, macarra e industrial y nos hace ver que esta cara B va a ser mucho más oscura y difícil de digerir.

19. In the Arms of Sleep: Calma a través de folk e indie-pop sutil en arreglos en una de las mejores piezas acústicas del álbum.

18. Love: Una rareza de rock psicodélico que juega con las texturas y la producción electrónica en un continuo zumbido de 4 minutos que suelen ser divisivos.

17. Stumbleine: La pieza más intimista del disco crea atmósfera a través de un folk casi Lo-fi. Corgan y su guitarra, para que más.

16. Mellon Collie and the Infinite Sadness: Es una intro, pero que intro. Una pieza neo-clásica de piano que se va enriqueciendo con arreglos sutiles de cuerda que genera el aura de fábula que sobrevolará el disco.

15. Porcelina of the Vast Oceans: Podría ser un resumen del álbum. En ella está todo Mellon Collie en formato suite progresiva de rock espacial que es una de las cima creativas del conjunto.

14. Muzzle: Te coge de la pechera desde el inicio con un Corgan pletórico y el redoble de Jimmy Chamberlin te tira de cabeza a su vena más power pop y vitalista.

13. X.Y.U.: El final boss de este disco es esta pesadilla de 7 minutos donde el grunge más pesado llega a rozar el riff sludge al estilo Sabbath en una amalgama de distorsiones, onomatopeyas, gritos y letras terroríficas.

12. Fuck You (An Ode to No One): Hard Rock a chapa. Trepidante, llena de riffs matadores, paradinhas y con un Chamberlin sacándola del estadio en un clímax de infarto.

11. Here Is No Why: Una vez más, la parte más power pop del rock alternativo se adueña de una canción construida en base a un riff extrañísimo con un final en alto en el que Corgan se saca un solo de la manga que la pasa del sobresaliente a la matrícula.

10. Thru the Eyes of Ruby: Mismo caso que “Porcelina…” pero más al grano. Una epopeya de rock progresivo donde tenemos a todos los Pumpkins del disco en la misma batidora.

9. Thirty-Three: Single mayúsculo de folk pop que crece y crece a través de una producción en la que no les hace falta recargar el ambiente para lograr algunas de sus melodías más memorables.

8. Galapogos: Como su antecesora en la lista, parece que flota en éter. El triunfo de la sencillez reside en esta gran infravalorada de su parte acústica. Dream pop que conmueve con un equilibrio perfecto entre austeridad y barroquismo.

7. To Forgive: Una debilidad personal que se ha convertido en mi favorita de su lado menos eléctrico. Slowcore del que duele en 4 minutos con un nudo en la garganta.

6. Jellybelly: Si hay que definir rock alternativo en una canción, no es mala candidata. Un torrente de guitarras abrumadoras, una batería que se pasa toda la canción sacando triunfos y unas melodías vocales que rememoran a Siamese Dream conforman un cañonazo grunge para la historia.

5. Zero: Riff pesadísimo e icónico, letra generacional, un solo que parece un panal de abejas cabreadas y la actitud más desafiante y prototípicamente Generación X que pueda existir. Los 90 en tu puta cara.

4. Bullet with Butterfly Wings: La primera vez que se escucha eso de The world is a vampire… llega una sensación de desasosiego que sólo puede ir creciendo a través de una estrofa que es pura autoridad grunge para luego reventar en un estribillo para la historia de la música alternativa.

3. Bodies: La gran infravalorada de su parte eléctrica es este ciclón donde las guitarras y la batería de Chamberlin montan una orgía que roza el metal alternativo mientras Corgan se desgañita y sin que te des cuenta, al segundo siguiente te está susurrando Love is suicide…

2. 1979: Si “Jellybelly” puede definir un género, “1979” podría definir a la década entera. Una mezcla de synth pop y rock alternativo perfecta donde se recoge toda añoranza y nostalgia de unos años y vivencias que el oyente ni ha olido, pero vaya si lo consigue. Es una canción pop absolutamente perfecta.

1. Tonight, Tonight: Medalla de oro para la canción que lo empezó todo Desde el segundo uno el pegamento entre oído y corazón se solidifica y ahí se queda para siempre. Rock sinfónico en el que cada arreglo suma, cada línea de la parte lírica te pone en pie a aplaudir y, sobre todo, del que te hace pensar que The impossible is possible tonight.