La noche gallega esconde secretos, uno de ellos es la Santa Compaña. Una procesión de almas en pena con túnicas blancas, velas derritiéndose y pasos invisibles que huelen a muerte y que lleva siglos recorriendo los bosques como una advertencia silenciosa, un mito rural que devora a todo aquel que ose cruzarse en su destino. Pues ahora imagina que esa procesión decide armarse con amplificadores al límite, bajos afilados y chorros de distorsión. El resultado es el universo de Triángulo de Amor Bizarro. Son ya más de dos décadas haciendo canciones como rituales paganos, donde el misticismo gallego y el noise más salvaje colisionan para transformarse en el eco moderno de esa eterna marcha fúnebre.
Desde 2004, con su ya famosa “Moqueta”, la banda de Boiro (A Coruña) ha sido una máquina implacable de apisonar a base de indie rock, post-punk, shoegaze y lo que venga, si es que molesta. El ahora trío formado por Rodrigo, Isa y Rafa lanzan nuevo disco, “Mi Catedral” donde ahondan en su sonido con la actitud desafiante que les caracteriza y donde las influencias que han marcado su trayectoria se diluyen para no sonar a nada menos que a ellos mismos. Pero antes de meternos de lleno en su más reciente lanzamiento, hacemos un repaso de su, hasta ahora, inmaculada discografía.
Triángulo de Amor Bizarro (2007)
Como un elefante en una cacharrería, entra el ritmo implacable de “El Himno de la Bala” y ya te han secuestrado. No se puede tener mejor puerta de entrada tanto al disco como a la banda. Media horita de noise pop que se pega como un chicle y que pone sobre la mesa algunas de las marcas de la casa. El humor negro (negrísimo), los arrebatos eléctricos (“Mal como efecto de mala voluntad”), los himnos generacionales (“El fantasma de la transición”) e incluso dejar entrar un poco de luz en medio de la bronca (“Estrella azul de España”). La producción de Carlos Hernández redondea un debut que es pura tensión y deja claro que no van a ser un simple producto de temporada.
Recuerda: Llevar navaja siempre es conveniente.
Año Santo (2010)
Como toda buena secuela, aquí tenemos un doble o nada. Más visceral, más ruidoso, más furia, más vicioso. Paco Loco toma los mandos en una segunda entrega que sorprende por optar por una homogeneidad mayor que en su debut con una propuesta asfixiante y directa en 28 minutos sin apenas descanso. “De la monarquía a la criptocracia” es un single de pop perfecto en el que nos llevan a engaño, a partir de ahí entramos en territorio irrespirable sin pausa con una cadencia casi tribal en piezas como “El radar al servicio de los magos”. “Super Castlevania IV” funciona como respiro en forma de homenaje a Suicide y tenemos un final apoteósico con una tripleta final de canciones que bordan una segunda parte para muy cafeteros del mundo TAB.
Recuerda: Si insistes, mejor te cortas las venas. Después yo lo limpio.
Victoria Mística (2013)
Robo tu tiempo, robo tu tiempo… Actitud pura para empezar su tercer disco y descolocar con una evolución de su sonido hacia la exploración del trabajo con el ruido y las texturas. Aquí los singles no resaltan tanto en favor del conjunto, pese a ello, tenemos “Estrellas Místicas” ahondando en su vena pop. Por lo demás, otra apisonadora de noise que navega entre la furia desatada y el olfato melódico que buscan refinar hasta dar con la medida exacta. Isa gana presencia en las voces y la lírica profundiza en temática social con su tono irónico a través de unas canciones más largas y desarrolladas. La búsqueda del equilibrio perfecto entre shoegaze y pop tendría que esperar un poco más.
Recuerda: Guarda el veneno y sonríe, hostia.
Salve Discordia (2016)
El gran salto. Ahora sí, TAB reúnen todas las virtudes que aparecían en sus anteriores álbumes y entregan un disco perfecto en todas sus búsquedas. «Baila Sumeria», «Desmadre Estigio», «Barca quemada», «O Salve Eris»… escoge la que quieras, todo himnos en su propio estilo, desde el reggae hasta el noise rock más salvaje, aquí lo tienes todo, TAB in a nutshell. La producción llega a un punto de equilibrio ideal que va al servicio de las canciones sin taparlas o quitarles oxígeno y el imaginario lírico se expande con letras crípticas y afiladas como cuchillos. Es su disco más pop y donde quizá se notan más las referencias (cosas de The Cure, Cosas de New Order, cosas de Jesus & Mary Chain, cosas de My Bloody Valentine). Si quieres empezar con la banda, este es tu sitio.
Recuerda: Habría votado a la derecha por ti.
Triángulo de Amor Bizarro (2010)
Este nuevo disco homónimo no solo llenó los zapatos de su predecesor, sino que además los enriqueció. Si antes decíamos que en Salve Discordia los referentes estaban más o menos claros, aquí lo que tenemos es un disco que solo suena a Triángulo de Amor Bizarro. Las letras tocan temáticas más introspectivas, su alquimia ya perfeccionada de pop, shoegaze y noise se queda con nosotros y aparecen las mejores composiciones que han hecho nunca. Desde el imaginario extremo y oscuro que plantea “Ruptura” desarrollan una narrativa que va desde el dub de “No eres tú”, el ya tradicional himno “Vigilantes del espejo”, las tremendas “Fukushima” y “ASMR para ti”, los trallazos “Canción de la fama” y “Acosadores” con Ariana de Los Punsetes, ese final emotivo con “Cura mi corazón”… Industrial, oscuro, extremo, etéreo. Lo tiene todo.
Recuerda: Fuiste mucho más importante para mí. Que toda la costa de Galicia.
SED (2023)
Si el reto tras Salve Discordia era difícil, el desafío que suponía continuar a Triángulo de amor bizarro (2020) era una tarea prácticamente imposible. Pero como esto no es una competición, en 2023 nos llegó SED. Un álbum complejo de catalogar y analizar dentro de su continuidad. El inicio synthpop de “Estrella Solitaria” mira de cara a New Order y consigue otra diana pop para su repertorio, al que se unen “La Espectadora”, “Canción de muerte del pez dorado”, “La carretera” y “La condena” como las piezas más emotivas del disco con Isa a la voz. Por otra parte tenemos una vena más macarra en “Cómprate un yate”, “Huele a colonia chispas” o “Estrella Antivida” con Rodrigo como protagonista. Es el poco equilibrio entre estas dos vertientes las que les dan al álbum algo más irregular que sus predecesores, pero que siguen sin bajarlos del trono.
Recuerda: Tú eres el hielo que queda. Y nosotras el sol que se levanta.
Mi catedral (2026)
Llegamos al momento presente con su recién publicado disco y desde los primeros compases notamos que algo ha cambiado. En un momento en que la banda podría haber dado con el molde para publicar discos cual churrería, optan por mostrarse los culos inquietos que siempre han sido y nos entregan un álbum que recoge parte de lo encontrado en SED pero de manera mucho más afinada.
El comienzo con “SMT en el Palacio Real” es un inicio avasallador y siniestro. “Diosas adolescentes”, “Mi Catedral” y “Sacrificio” han nacido automáticamente como himnos, “En la Corte de E.” abre un camino hacia terrenos más orientados a desarrollos complejos. “Matar a un Rey” y su letanía kraut y “Pat a trenca” aportando virajes estilísticos que les sientan como un guante… Toda la sensación que transmite este conjunto de canciones atina donde SED resbalaba un poco, y es justamente en lo más sencillo y a la vez más difícil de conseguir. En lo memorable de sus canciones.
Resulta admirable que tras más de 20 años de carrera consigan producir una sensación con este nuevo trabajo que se balancea entre “es lo más pop que han hecho nunca” y “es lo más experimental que han hecho nunca”. Ahí es donde radica su encanto, en ese perpetuo baile, incluso dentro de la propia canción, entre zonas más accesibles y más ásperas. Decían hace poco Isa y Rodrigo en una entrevista que odiarían que se hablara de sus canciones como “bonitas”, bueno, pues este es el disco donde consiguen de manera más acertada ese desconcierto que requiere de el oyente se muestre flexible ante su disco de minutaje más extenso, una catedral de ruido que promete abrir una etapa apasionante para la banda.
Recuerda: Voy a hacer lo que pueda. Pero nada más. La muerte solo es un gesto.
