El nuevo álbum de Tim Presley, el hombre detrás del alias White Fence, es su mejor disco hasta la fecha. Con la colaboración de su gran amigo Ty Segall como productor y en la batería, Tim deja atrás la experimentación de trabajos anteriores, tan próxima al collage y puro lo-fi, y nos regala una colección de canciones de sonido cristalino y pulido.
El lo-fi permanece, pero, haciendo de la concreción virtud, los nuevos temas no deambulan por largas introducciones, transiciones o solos de guitarra: la esencia de las canciones está destilada. Instantáneas de garage, psicodelia y power pop, trazan el imaginario árbol genealógico que discurre entre The Byrds, Lou Reed, Syd Barrett, Marc Bolan y Yo La Tengo (tan apreciable en “So Beautiful”, la inesperada versión de Simply Red).
Sobre el conjunto, destacan “Your Eyes”, “I Came Close, Orange for Luck” o “That’s Where The Money Goes (Seen From The Celestial Realm)”, que abre el álbum con la impagable línea “I’ve just had an experience with God”. En lo temático, el amor y la pérdida ocupan un lugar principal junto con su adicción a los opioides y posterior rehabilitación. La crisis de creatividad que le produjo aquello la podemos dar por cerrada.
Un álbum de killer pop, en sus palabras, en el que Tim Presley ensambla a la perfección melodías e instrumentación de forma natural, como un gran artesano, para construir un sólido conjunto de canciones atemporales.
